El aprendizaje: La sutil manera del cambio personal

Hace muchos años, emití este juicio: “Estoy muy viejo para cambiar”, con la intención de cortar una conversación que me resultaba incómoda en ese momento.

Hoy celebro que ese juicio haya tenido poco fundamento. El tiempo me ha demostrado que sí he cambiado, pues he puesto muchísima energía en el aprendizaje, la apertura, la aceptación del otro. Menciono aceptación y no tolerancia porque como dice un buen amigo: “Tolerancia es una promesa de venganza a futuro”. Vamos guardando lo que nos disgusta, hasta que llega el día en que explotamos, y, posiblemente, esa emoción negativa retenida en el cuerpo puede incluso causar desbalances en nuestro organismo como dolencias crónicas o enfermedades psicosomáticas.

El aprendizaje abre nuevas posibilidades, amplía la visión que tenemos del mundo y se convierte en habilitador del trabajo en equipo, de la convivencia, entendida como el vivir armoniosamente en comunidad.

Ese juicio que relaté se convirtió, hasta que lo identifiqué y me hice cargo, en un enemigo de mi aprendizaje y mi crecimiento. Haberme hecho cargo significó un cambio esencial en mi vida que ha dado paso a diversos cambios cada vez más intensos, cálidos, profundos.

¿Alguna vez se han detenido a determinar qué situaciones atentan directamente con sus posibilidades de aprender? Si lo han hecho, ¿qué emoción les ha causado identificarlos? ¿Cuáles acciones han emprendido para vencer esos enemigos y darse a la tarea de emprender el camino del nuevo aprendizaje?

Muchas veces no tenemos conciencia de cuáles son esos enemigos. ¿Alguna vez han dicho o pensado algo como: “Esto ya lo sé, son otros lo que tienen que aprenderlo”,No sirvo para aprender eso“, “Me gustaría aprender, pero no tengo tiempo” o “Eso, ¿para qué me sirve?”. A veces no tenemos la capacidad o las ganas de desaprender para dar espacio a nuevo conocimiento; otras, no damos la autoridad a quien intenta enseñar —por ser más joven, más viejo, de otra condición social, sexual, política o de cualquier otra índole.

Existen muchos más enemigos. Mi invitación es ir al básico, al que permite el primer paso hacia aprender algo nuevo, a decir NO SÉ. Pronunciarlo es una declaración fundamental que nos abre las puertas al aprendizaje, desde bailar, pasando por física nuclear, hasta cosas más fundamentales como respirar, meditar o amar.

Si no aceptamos que no sabemos, el aprendizaje no puede ocurrir y no se produciría la apertura necesaria para hacerlo posible, continuo y enriquecedor.

¿Te atreves a decir no sé, sin culpa?

Reflexiones

  • Pregúntate: ¿Qué juicios, situaciones o elementos se están interponiendo con mi aprendizaje? ¿Cuáles acciones debo emprender para hacerlas a un lado y comenzar de nuevo a aprender?
  • Recordemos que aprender consta de dos etapas: desaprender primero y luego aprender algo que ocupe su lugar.
  • El aprendizaje no es solo cognitivo. Incluye también a nuestras emociones y a nuestro cuerpo, de manera integrada.


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