El aquí y el ahora del zen

Una de las formas de misticismo oriental que ha ganado más popularidad en Occidente es el Zen. Esta escuela se originó por la confluencia del budismo hindú y el taoísmo chino que entraron en contacto hacia el siglo VI de nuestra era. Su aparición en sí está impregnada de cierto aire legendario –como ocurre con todas las religiones– pero sin duda alguna, sus inicios se atribuyen al monje budista Bodhidharma. La historia se refiere a este último como un príncipe hindú que se ofreció de voluntario para llevar el Budismo Mahayana a la China, de modo que se gestó la derivación conocida como Chán. Ésta posteriormente fue nombrada Zen en el Japón.

Se ha dicho mucho en relación a este mítico monje; no obstante, la versión más popular sostiene que pasó nueve años sentado frente a la pared de una gruta hasta que alcanzó la iluminación. Durante ese tiempo, el ermitaño se dedicó también a imitar los movimientos de los animales y fue así como desarrolló el Kung Fu.

El planteamiento esencial del Zen consiste en que la iluminación puede ser alcanzada de forma espontánea y súbita, circunscrita al ámbito cotidiano; no sólo de monjes, sino de cualquier persona común y corriente. En este contexto, el nombre que se da a la misma es Satori, a diferencia del Nirvana hindú.

Pero es ciertamente hacia la Edad Media cuando se sistematizó este conocimiento y recibió gran auspicio de la Dinastía Tang, en especial de la extravagante Emperatriz Wu (625-705). Las características principales que aportó la tradición budista a esta forma de religiosidad consistieron en el estudio de los Sutras, o escrituras sagradas, así como de las técnicas meditativas. De la China, por su lado, el taoísmo contribuyó con la franqueza y lo genuino, al igual que la no búsqueda de un objetivo determinado por parte del practicante.

Eventualmente se desarrollaron dos tendencias a partir del originario Chán; la Soto, cuyos orígenes se remontan a 1227 luego de que Eihei Dogen la llevara de China a Japón, y la Rinzai, que fue llevada al Japón por Myoan Eisai hacia 1191. Cada una de estas escuelas se centra en aspectos diferentes. El punto de interés de la primera es el denominado Zazen o meditación en postura de loto o medio loto. En cambio, la Rinzai tiene como objeto los koans; que resultan ser enigmas absurdos que plantea el maestro al discípulo y que pretenden “remover” los esquemas de pensamiento racional o lógico.

Se sabe que el Zazen aporta innumerables beneficios a la salud, tanto física como espiritual. La postura del cuerpo mejora, aumenta la irrigación cerebral, hay un incremento de la flexibilidad y se logra una coordinación más refinada entre la expresión corpórea y el pensamiento. Vale decir que durante esta práctica se persigue, no la abolición del pensamiento, sino permitir su fluidez natural, a la manera de un tranquilo río.

En cuanto a los koans, éstos buscan “eliminar” las bases del raciocinio preestablecido del discípulo y sumirlo en el cuestionamiento de sí, del mundo y de la totalidad cósmica. Se trataría, en este caso, de derribar al lenguaje para volver a ver al mundo tal cual es, las cosas como realmente son, pero desprovistas de palabras. Este problema, aparentemente irresoluble, podría ser resuelto súbitamente o en el trascurso de años. Ello sería, en este caso, el camino al Satori.

La llegada de la línea Zen a Occidente se dio hacia el siglo XX, principalmente con la mirada que dio la contracultura a este tipo de filosofías y religiones. Sin embargo, fue encomiable la labor del maestro y traductor D. T. Suzuki al presentar al público europeo y norteamericano toda esta serie de experiencias y tradiciones. De igual manera, la dedicación del erudito británico Alan Watts a las culturas orientales permitió el acercamiento a ellas por parte del público masivo interesado.

Habría que decir que el Zen es simplemente vivencia, es el quehacer cotidiano que cualquier persona realiza por el goce de hacerlo y consustanciado con el oficio. Zen es espontaneidad y realismo. Zen es vida plena y pensamiento que fluye con la respiración de modo natural. Zen es aquí y ahora.



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