El azúcar y su efecto en los niños

El azúcar y su efecto en los niños

Los seres humanos han anhelado la dulzura y el azúcar desde el principio de nuestros tiempos. Los aborígenes pasaron por el riesgo de ser mordidos por miles de abejas solo para obtener una cucharada de miel, y reyes y reinas mantuvieron al pueblo feliz con dulces. Era algo agradable de disfrutar, sin mucho exceso y sin causar muchos problemas. Todavía el azúcar es muy deseada, el problema es que hoy en día hay un consumo excesivo de ella, lo que lleva a enfermedades, especialmente en los niños. A partir de los seis meses los niños están expuestos a fórmulas artificiales que contienen exceso de azúcares, y se les dan recompensas a través de los dulces en días festivos como el del hada de los dientes, Navidad, cumpleaños, etc.

El consumo de azúcar es cada vez más común y recurrente

Hoy en día no solo durante las festividades se come azúcar; cada vez es más común para un niño consumir azúcar refinada todos los días. Cereales en el desayuno cargados de azúcares, zumos de frutas artificiales para la merienda, dulces y refrescos en el almuerzo y la cena. Debido a esto, la futura generación, nuestros hijos, está pagando un alto precio. En primer lugar, los niños inconscientemente se están volviendo adictos, quieren más y más cada vez, ya que se vuelve menos satisfactorio. Eso los hace querer comer únicamente todo lo dulce, y no las frutas y verduras. Esto contribuye a un consumo excesivo de calorías, lo que conduce al aumento de peso.

Azúcar y sus efectos sobre nuestro organismo

El aumento de peso es la base de otras enfermedades consecuencias de un mal estilo de vida, como la diabetes tipo 2 (que ahora está empezando a verse en niños de 12 años), presión arterial alta, los valores de LDL en el cielo. Además, este consumo excesivo de azúcar no afecta nuestro peso corporal nada más, sino que también afecta al cerebro. A los niños que sufren de ADHD, Asperger y autismo se les recomienda tener un bajo consumo de azúcar, ya que puede empeorar su condición.

En tercer lugar, se alimenta la candida albicans, que segrega toxinas e influye en el desarrollo normal. También compromete la capacidad del cuerpo para combatir las enfermedades (Haas, 2012), por lo que estamos viendo niños enfermos, cansados, con sobrepeso y que no son capaces de funcionar correctamente. ¿Qué podemos hacer? Copiar a los niños aborígenes, que consumen azúcar de vez en cuando en pequeñas dosis y disfrutan de lo que la naturaleza tiene para ofrecer, frutas, verduras, miel, etc.



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