El budismo no es un tratamiento para problemas mentales

El budismo no es un tratamiento para problemas mentales

A no confundirse: el budismo no puede ser una terapia por sí mismo o convertirse en un tratamiento para curar tal o cual síntoma. Esta es la reflexión que me surge hoy luego de ver el uso “utilitario” de esta práctica milenaria en aras de sentirnos mejor psicológicamente. Inclusive, quizás algunos profesionales que trabajan con mindfulness han (hemos) aspirado a confiar en los fundamentos del budismo como una herramienta curativa para problemas que deben ser abordados con otra perspectiva. Veamos.

Salud mental, tan difícil de definir

El primer obstáculo que se nos presenta es cómo definimos salud mental y por ende problemas mentales.

La salud mental es, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad.

Guau…¿cuántas personas sanas mentalmente existen según este criterio en el mundo? Muy pocas. Parece más bien una expresión de deseo, ¿no? Además, habla de la salud como un estado, cuando claramente es más una dinámica búsqueda constante del ser humano, un proceso no lineal y extremadamente cambiante.

Otra forma de ver a la salud mental es como la ausencia de síntomas psicológicos, tales como ansiedad, impulsividad, depresión, aislamiento, entre otros. En tal caso la salud de la persona se mide con la lupa de la psicopatología en un tamizado que, más sutilmente o no, deja en evidencia que todos tenemos “algo que atender y cambiar”.

Quizás una combinación de ambas definiciones nos permita tener una visión más holística del tema: por un lado, es necesario experimentar un proceso de aprendizaje y búsqueda de bienestar general y por otro mantener ciertas características de nuestra personalidad como la ansiedad y la impulsividad en niveles “normales” para la convivencia. Pero esto es todavía motivo de debate.

Otro gran tema para debatir largamente es cuál es la diferencia entre salud mental y salud física: ¿existe realmente? Hoy sabemos que si bien determinada sintomatología puede manifestarse más claramente en alguno de estos dos ámbitos, la interacción mente-cuerpo es profunda e intrincada. Y eso el budismo ya lo sabe hace muchísimos años.

Para qué nació el Budismo

En una clara definición del budismo Wikipedia nos dice que es una «doctrina filosófica y espiritual​ no teísta perteneciente a la familia dhármica, derivada del brahmanismo y que comprende una variedad de tradiciones, creencias religiosas y prácticas espirituales principalmente atribuibles a Buda Gautama (el Buda). Existen dos ramas principales del budismo: Theravada (Escuela de los Ancianos) y Mahāyāna (El Gran Camino). El budismo es la cuarta religión más importante del mundo con más de 500 millones de adeptos, es decir el 7 % de la población mundial».

Pero el budismo no es un desarrollo para curar síntomas. En todo caso, el síntoma es nada más y nada menos que el sufrimiento humano. El sufrimiento es el dolor producido por el mero hecho de estar vivos. El fin último de esta doctrina entonces es alcanzar la liberación del sufrimiento.

En el budismo Theravada (el mindfulness está más basado en éste) por ejemplo eso se logra a través de la cesación de las kleshas (estados destructivos mentales, incluyendo la ignorancia, la adhesión a lo material y la aversión) para lograr el sublime estado de Nirvana (espiritualidad) mediante la práctica de las Ocho Nobles Verdades (también conocido como el Camino del Medio), liberándose de esta forma del ciclo de sufrimiento y renacimiento. 

A pesar de que el propio Dalai Lama ha dicho que el budismo es una ciencia de la mente humana ya que estudia con rigurosidad los fenómenos que allí se producen y señala un camino para cultivarla y desarrollarla, es evidente que no lo es, pues el objeto y el método no coincide plenamente con la psicología, pero sí es cierto que el camino del bienestar que propone encuentra muchas coincidencias con aquello que como terapeutas consideramos saludable para nuestros pacientes.

Los peligros de no buscar ayuda psicológica

Refugiarse en el budismo como una forma de resolver conflictos psicológicos o patologías mentales puede ser un problema. Ese fue el debate que surgió cuando en 2017 el reconocido profesor de meditación Michael Stone murió por sobredosis luego de una lucha larga con su problema de bipolaridad. Su mujer Carina escribió: Michael buscó ayuda psiquiátrica y farmacológica luego de muchos años de resistirse. El quiso evitar el rótulo de bipolar a través de la práctica meditativa, demorando el tratamiento médico/psicológico. Él soñaba curarse a través de la práctica. Esto es muy común escucharlo en yoga o en el Dharma (camino del Budismo): si practicás lo suficiente, entonces funcionará. Sino funciona, no practicaste lo suficiente o algo en ti falló”.

Por lo tanto y simplificando, podríamos decir que prácticas como el budismo o cualquier religión bien enseñada y practicada, como el catolicismo, el judaísmo o el protestantismo, pueden mejorar nuestro bienestar psicológico y esto influir positivamente en nuestra salud mental general, incluyendo a veces algunos síntomas.

Quizás el budismo a través de sus prácticas meditativas extienda aún más sus beneficios a quienes lo practican a nivel del funcionamiento de la mente, pero ni siquiera estas técnicas reemplazan el cuidado profesional frente a ciertos síntomas. Algunos de ellos pueden ser:

  • Desesperanza o estados de ánimos deprimidos
  • Impulsividad intensa 
  • Ansiedad difícil de controlar, preocupación constante o síntomas físicos asociados a esta
  • Atención muy lábil o funciones ejecutivas (cognición) deterioradas 
  • Problemas de alimentación, de sueño o de consumo de sustancias 
  • Dificultades en los vínculos y en empatizar con otras personas

Así que cuidado: no perdamos de vista la importancia de la ayuda psicológica, aunque practiquemos y evolucionemos en este poderoso camino de la espiritualidad budista que para la mayoría de los practicantes es una gema preciosa, una luz en el camino de nuestras desafiantes vidas en occidente.



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