El camino armónico del taoísmo

A pesar de haber sido relacionado con la sexualidad, el concepto del taoísmo está más en concordancia con una escuela filosófica que predicaba; desde una manera de entender la existencia y vivirla saludablemente, hasta aspectos últimos de trascendencia cósmica. Se estima que surgió hacia el siglo IV a. C. y que significó más una aproximación a la vida y a los ritmos propios de ésta; en lugar de una religión, como fue oficializado durante la Dinastía Han de la China hace 2200 años. Sus precursores fueron Lao Tzu, Chuang Tzu y Lieh Tzu, de quien no se tiene noción cierta de si existió, o en cambio fue una figura de ficción creada por el propio Chuang Tzu.

tao1Lo que postuló Lao Tzu parte de la observación directa del mundo y tiene que ver esencialmente con lo que fue nombrado como Tao, o Camino; que es una entidad vibrante que se autogenera y lo genera todo y que marca el devenir de la vida y de la naturaleza. El mismo está constituido por un principio masculino, conocido como Yang, y uno femenino, llamado Yin. La obra cumbre de este pensador está recogida en el Tao Te Ching, que enseña a los hombres la vía de un “camino recto” de manera de alcanzar una saludable vida longeva, adecuándose a la naturaleza y al entorno del mismo modo como el agua fluye. Ésta; en efecto es invencible, y va por todos lados con “poderosa blandura”. El taoísta no tiene dobles intenciones y se basa en la espontaneidad, así se adecúa al abstracto vaivén cósmico del Tao, que es una suerte de latido del mundo. La leyenda sostiene que Lao –cuyo nombre significa “El Viejo Sabio”– fue concebido luego de 80 años y su madre lo alumbró ya anciano. Pronto dejó su provincia natal y se dirigió al oeste en su fabuloso búfalo, fuera de las fronteras de China. Su obra, a la que me he referido arriba, fue escrita a petición de un guardia fronterizo.

La segunda figura principal del taoísmo fue Chuang Tzu, de quien se ha llegado a suponer que no supo realmente que él mismo era un taoísta. Su forma de pensamiento fue la base de la relatividad, como forma de pensamiento para apreciar las escalas de valores. Para este filósofo, algo era grande porque había cosas más pequeñas, pero eso grande era pequeño en comparación con otras cosas aún más grandes. Se le atribuye el bello cuento de la mariposa en el que el pensador relata que se despertó un día, luego de soñar que había sido una mariposa. Al hacerlo, y ante la visión de uno de estos insectos, no supo si había sido Chuang  que soñó que era una mariposa, o una mariposa que soñó que era Chuang.

Como puede verse, el taoísmo se basa en una espontaneidad, suavidad y gentileza sin precedentes. Hubo, además de la obra de Lao Tzu, otras obras cumbres de esta escuela de pensamiento, como fueron el libro oracular I Ching o Libro de las Mutaciones –que da indicios a través de sus designios acerca de la forma adecuada de conducirse en momentos particulares de la vida– y El Secreto de la Flor de Oro, que se supone fue realizado durante la exquisita y decadente Dinastía Han. En este último sí hay alusiones a prácticas sexuales que apuntan más en el sentido de un manejo tántrico de la energía y de la contención del orgasmo en una suerte de clímax perpetuo. Todas estas enseñanzas están dirigidas hacia la autosuperación. De igual forma, el texto ejemplifica técnicas de meditación a través de la visualización de mándalas con los ojos entrecerrados y apuntando la mirada hacia la punta de la nariz.

tao2Pero, sin duda alguna, el personaje más cautivador en la constelación de los “sabios santos taoístas” es el milagrero Lieh Tzu, a quien se le atribuye la propiedad de desplazarse con el viento. Algunos eruditos han llegado a comentar que la fama le distanció del Tao o Camino  armonioso. De gran elocuencia es el instante en que el hermoso Lieh Tzu describe su iluminación y vaciedad absoluta, en un espíritu estrictamente taoísta y que él expresaba como una fusión entre interior y exterior, tras la cual, no había diferencia entre ojo y oído, oído y nariz, nariz y boca: eran todo lo mismo… –de esta manera, el monje culminaba relatando– Mi mente se había helado, mi cuerpo se había disuelto, mi carne y mis huesos se habían confundido. Era totalmente inconsciente de dónde se hallaba mi cuerpo, o de lo que había bajo mis pies. El viento me llevaba de aquí para allá, como paja seca, o como hojas que caen de un árbol. En realidad, no sabía si cabalgaba el viento, o el viento me cabalgaba.
 



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