El chamanismo

Uno de los antecedentes primordiales de las religiones establecidas es el chamanismo. El mismo puede ser visto como un primer intento del hombre por agruparse en torno a la figura mágico-religiosa del chamán o médico brujo.

Esta práctica fue usual en todas las regiones del orbe y en ella, el líder espiritual cumplía labores de curandero, psicopompo o guía de almas, así como de intermediario entre el mundo espiritual y el mundo cotidiano. Era usual que el mismo estuviese asociado a algún animal, como lo era el jaguar en América. Quizá una de las razones para esta vinculación sea el hecho de que esa bestia tiene la capacidad de desplazarse por las tierras, las aguas y los árboles; en clara alusión al poder del chamán de moverse en diversidad de mundos, tanto “reales” como espirituales.

Es de recordar que las tentativas humanas por formar religiones se basan en el carácter religante o de vinculación unitaria entre sí. De esta manera, en la antigüedad se establecían los cruces de caminos como territorios sagrados. En otros casos se llevaban a cabo prácticas para determinar esos sitios sacros en el lugar donde expirase un animal al que se le hubiera practicado una herida con intención de desangrarlo. Igualmente; a áreas donde ocurriesen hechos fortuitos, como la caída de un rayo, se les atribuían propiedades mágicas.

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Del mismo modo, había objetos asociados al curandero; como el tambor para sumirse en trance, el gongó, el sonajero y la pluma del águila. El ingreso al estado extático, que le permitía vincularse con el reino de los espíritus, podía realizarse de diversas formas; bien fuese a través de la mortificación de los sentidos, como vigilias prolongadas, ayunos, bailes o música, así como recurriendo al uso de plantas psicodélicas como los hongos, el peyote, el San Pedro, la ayahuasca o yagé, el tabaco, la marihuana, la datura y la salvia divinorum o salvia de la adivinación.

Otro aspecto que es leit motiv en la vivencia del chamán es la enfermedad y los quebrantos de salud que atravesaba como parte de su iniciación. En este sentido, el mismo es sometido a pruebas muy intensas que constituían gran privación para su corporalidad.

Pero fue justamente durante la época de la contracultura cuando se pusieron en boga estas prácticas y hubo gran curiosidad de los jóvenes respecto a esas formas de religiosidad. Figuras como María Sabina –la mujer águila, la mujer que hacía tronar— en México despertó gran interés, incluso de estudiosos serios de la llamada psicología transpersonal o de naturaleza cósmica.

En este mismo espíritu apareció el libro Las enseñanzas de Don Juan de Carlos Castañeda, que relata la vivencia de un estudiante de antropología en su iniciación al chamanismo por Don Juan Matus, un indio Yaqui del desierto de Sonora. En este interesante texto se tocan aspectos esenciales de la teoría chamánica como el “tonal” y el “nagual”. En cuanto al primero, éste es el entorno “real” que se refiere a la corporalidad del hombre y los aspectos físicos del mundo. Ellos deben fortalecerse antes de internarse en el “nagual” o realidad etérea, más allá de las cosas. En otras cosmogonías, a esto último se le identifica con algún animal de poder que acompaña al chamán durante su viaje.

De modo pues que el chamanismo, a pesar de estar de alguna manera de moda por estos tiempos, es una práctica que se remonta a tiempos lejanos y a los intentos de vincularnos como especie; ella constituye nuestros primeros pasajes desde el mundo de lo conocido a lo desconocido.

 



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