El ‘claro’ objeto del deseo

Parece que nos sentimos más “seguros” cuando estandarizamos horarios y cronogramas, que nuestra realidad tiene problemas en respetar ritmos individuales y experiencias que se consideran “diferentes”. Así, le restamos “tiempo” a la interioridad, al disfrute, al descanso, e incluso a las experiencias saludables y placenteras, poniendo en riesgo nuestro bienestar.

El bienestar es un estado integral, que implica rediseñar nuestra realidad para que sea saludable y congruente con nuestras expectativas y deseos. No solo basta anticipar y planificar, debemos re-conocer el deseo y recuperar nuestro poder para lograr que los tiempos, las actividades, los compromisos y las oportunidades confluyan en nuestra voluntad de mejor calidad de vida.

Eventos clave de nuestro desarrollo, como nacimiento, crianza y educación son pasados a veces como si viajáramos en una alfombra sinfín. Y no es así, nuestra intuición nos dice que podemos estar en desacuerdo y sentir malestar con las imposiciones que se nos hacen en esos ámbitos, pero nuestra racionalidad (domada) nos dice que debemos dejarlo pasar y continuar. ¿Qué hacer?

Son comunes nuestras historias. Descubrimos que nuestro cuerpo y alma desean probar la lactancia materna exclusiva, pero nos encontramos en un sistema hospitalario perfectamente aceitado para un acceso directo a fórmulas. Conocemos un paradigma de parto respetado cuando ya las cesáreas nos han sido programadas sin necesidad médica. Queremos una educación cónsona con el hogar cuando nuestros hijos ingresan a colegios, mayormente, verticales y autoritarios.

A veces es posible cambiar el rumbo, pero eso sí, solo cuando tú estás al mando del timón, cuando no has delegado tu poder personal en otros. No te sientas avasallado/a por el sistema, tómate un tiempo prudencial para hacer las cosas e investiga y planifica. Prevé, escrudriña, pregunta. La vida es un amplio laboratorio, y como tal, podemos esperar un rango de error en nuestras experiencias, pero mal podríamos planificar si desconocemos nuestro deseo y desoímos la intuición.



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