El conductismo fashion

El conductismo fashion

La doctora Rosa Jové en su libro “Ni rabietas ni conflictos”, cita el primer capítulo del libro “Ser padres sin castigar” del profesor Norm Lee, en el que éste explica la siguiente anécdota:

“En una reciente charla a un grupo de padres, abrí un libro y empecé a leer en voz alta: «Empiecen la disciplina a temprana edad. Aclaren muy bien las reglas y refuércenlas de inmediato y con consistencia. Refuercen la obediencia con palmaditas y con frases como: «¡Qué buen chico! ¡Eres una buena chica!», y después de disciplinarlos, díganles que los quieren y que lo hicieron por su propio bien».

Hubo cabeceos de aprobación y algunas personas incluso mostraron su aceptación efusivamente en voz alta. Pero cuando les mostré la cubierta del libro, se quedaron sin habla de la impresión al leer el título: “Cómo entrenar a su perro doberman pinsher”.

Puede sonar chocante, pero la verdad es que estos métodos basados en el mismo principio conductista empleado para entrenar a los perros, tiene mucha acogida entre los padres y las escuelas para obtener niños obedientes que hagan lo que esperamos.

Conductismo Fashion es una denominación muy ocurrente y certera de la misma  Rosa Jové,  para acuñar recursos “educativos” basados en sillitas para pensar (Time Out o Tiempo Fuera), carteleras con sistema de puntos, estrellitas, sellitos y elogios artificiales para manipular la conducta. La doctora Jové, observa una llamativa proliferación de programas de televisión para “educar niños”, donde se pretenden vender estos métodos como buen conductismo.

El conductismo fashion, al igual que el castigo físico, es por definición un sistema punitivo de crianza. Ciertamente encubierto por la fachada de la moda y la modernidad, pero punitivo a fin de cuentas. Como sistema punitivo, no crea conciencia en los niños. Sólo les enseña que son reconocidos cuando hacen lo que queremos y rechazados cuando no lo hacen. El conductismo fashion condiciona a los niños  a responder por miedo a las amenazas. Además, no inculca valores a los hijos. Les enseña a estudiar sólo para obtener notas, a trabajar sólo para obtener dinero, a responder según el estímulo que otro le ponga por delante y no por compresión y propia convicción. De este modo no ayudamos a los pequeños a desarrollar la propia ética a partir de la cual orientarán su conducta y responderán frente a las presiones del exterior.

Lo explica la doctora Aletha Solter, experta en disciplina no punitiva, cuando dice que los sistemas basados en controlar a los hijos a través de castigos y recompensas, son engañosos. Si bien de inmediato dan la impresión de que modifican la conducta, tienen consecuencias a largo plazo. ¿Te imaginas cuando tus hijos se enfrenten a la opción de incurrir en conductas delincuenciales premiadas con dinero, como robar o vender drogas? ¿Qué pasa si la recompensa de terceros les resulta más atractiva que la de los padres? Las conductas orientadas por la ética, en cambio, permanecen al margen de aplausos e incluso a pesar del abucheo, porque nacen de la convicción.

Sé que muchos lo estarán pensando, pero no, no se trata de propugnar un mundo sin normas, ni mucho menos dejar a los hijos a la bartola sin la orientación y guía de los padres. Apostar por métodos democráticos de crianza, supone conducir a nuestros hijos hacia comportamientos razonables, pero con alternativas más humanizadas. Claro que en este camino no existen recetas, ni fórmulas. Tampoco constituye la vía más rápida o cómoda para el adulto.

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