El costo de las cosas felices… en Venezuela

renuncia_felicidadHace pocas semanas, hice con mis compañeros del programa de radio uno que se llamó “Cosas cotidianas que nos hacen felices”, inspirados en un pequeño libro ilustrado llamado “Be more happy” de Dominique Faufelle. El libro de Faufelle, propone algunas actividades cotidianas que pueden hacer felices a las personas, como por ejemplo, pasar el domingo en cama mientras llueve, tener las canciones favoritas a mano o comprar flores para la casa. Ciertamente una visión muy optimista, a través de detalles que en muchas sociedades tienen a mano.

Para la autora, hay opciones que dan felicidad y que están ligadas directamente a la situación económica de un país. Tal es el caso de “comprar zapatos nuevos”. Salir de tiendas a comprar zapatos nuevos es el sueño de muchas mujeres, y de hombres, en el mundo. Sin embargo en Venezuela, esta actividad no es ni cotidiana ni da mucho bienestar para la clase media, pues la inflación del rubro vestido y calzado en el Índice de Precios al Consumidor se ha incrementado en más del 200% entre el año 2013 y el 2008.

Otra propuesta que hace feliz de acuerdo a la autora, es leer una buena novela. En Venezuela, la inflación del rubro “Periódicos, libros y artículos de papelería” entre el 2013 y el 2008 ha sido de casi 300%. Por supuesto, gracias a la tecnología, cada vez más al alcance de todos, es posible conseguir algunos buenos libros en versiones digitales libres. No obstante, leer libros impresos no es muy accesible que digamos en nuestra economía.

Para nuestra autora Faufelle, una de las cosas cotidianas que pueden hacer felices, es ir de compras sin prisa. Lamentablemente en nuestro país, esto tampoco es posible. La escasez como fenómeno recurrente, ha exacerbado la demanda por expectativas negativas, ha exacerbado aún más la escasez de productos (como un proceso de “bola de nieve”) y ha convertido en inalcanzable esta propuesta del libro “Ser más feliz”. Dada la velocidad de circulación del dinero y el dinamismo que impone una escasez instaurada, se ha convertido en imposible ir a hacer compras sin prisa. Si no nos apuramos a tomar los productos en los establecimientos, nos quedaremos sin ellos. Además la inflación genera la sensación de pérdida en el consumidor, que lo obliga a buscar, como respuesta racional, las cosas al precio de hoy porque mañana probablemente estarán más caras.

Sigamos con otra de las propuestas de nuestro pequeño libro ilustrado. Ir al cine a ver películas. Aunque en Venezuela, el cine es uno de los servicios de recreación de menor precio, nos encontramos que los servicios recreativos y culturales en el país se han incrementado en más del 300% entre el 2013 y 2008, en escasos cinco años. Si hablamos de otra de las propuestas de la autora, hacer un picnic con vino al aire libre, puede dar ocasiones muy felices. Si pensamos bien en esta opción, nos daremos cuenta que es poco viable, pues son escasos los lugares seguros y el vino se ha incrementado en los últimos cinco años en casi 700%.

Ir a la playa parece una opción factible, dada nuestra extensión costera. Sin embargo, debemos considerar el transporte, la comida, las bebidas, dónde dejamos al vehículo (si llevamos carro propio). Cuando sumamos los costos de ir a la playa, esta feliz opción se convierte en una diversión cara. Ir a un spa a darse masajes y hacerse un facial completo, también es costoso, porque los artículos de cuidado personal se han incrementado en casi 300%.

En el libro ilustrado que les mencioné, nos dicen que cambiar de look es una opción que puede dar felicidad, pero está clasificada entre los rubros de cuidado personal que son de los más inflacionarios. Tener una mascota, también tiene elevados costos asociados; tomar un café en una linda cafetería con un amigo, tiene una inflación acumulada asociada de más de 400%. Hacer un viaje a otras tierras ni pensarlo, pues la inflación de paquetes turísticos se ha incrementado en más de 400% en los últimos cinco años y hay escasez de pasajes aéreos y de divisas. Estar a la moda o comprar un perfume tampoco es muy factible para la clase media del país.

Como ven, la inflación es un fenómeno que ha minado todos los rubros de la economía y la felicidad del venezolano, de ningún modo, depende de sus hábitos de consumo. Como les dije en mi artículo sobre la inflación, este fenómeno es como la fiebre, detrás de él hay desequilibrio, brechas y un efecto multiplicador de exacerbación de la demanda. Los controles de precios son poco efectivos en detener la inflación, porque ésta crece bajo sus propias leyes. Y sin embargo, Venezuela está considerada, para algunos, como uno de los naciones más felices del mundo…

¿Y cómo es eso que aún con una inflación incontrolable, la más alta del mundo (la inflación mundial promedio del 2013 fue de 5% y nosotros casi tuvimos 60%) aún somos felices?. Creo que se debe a nuestra capacidad de reír, de adaptarnos, de burlarnos de las cosas malas que nos suceden o de ver oportunidades donde ningún otro las ve. Hay cosas que podemos hacer para ser felices, sin tener que enfrentarnos a la inflación, como escribir, hacer chistes, mirar una noche estrellada, contemplar un amanecer, cantar, bailar, hacer deportes al aire libre (estando siempre pendientes de la seguridad, claro), amar a nuestra familia, amigos o pareja, o bien no dejar de soñar con un país donde todos seamos iguales en oportunidades. Soñar no cuesta nada, pero mejor si lo hacemos bajo la mirada de nuestro economista camuflado, que nos muestra el costo de oportunidad del uso de nuestro tiempo vital. Me parece que un país donde la gente, aún con tantos problemas, puede sonreír y bromear, donde no se ha apagado el optimismo, no tiene de manera alguna, escasez de esperanza.

Por Karelys Abarca Capdevila
@karelitabarca



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