El COVID-19 vino a visitarme…y decidí bailar el Ran Kan Kan de Tito Puentes

El COVID-19 vino a visitarme…y decidí bailar el Ran Kan Kan de Tito Puentes

Tenía levísimos síntomas, los ignoré. Pasaron unos dos días y un dolor en la parte alta de la espalda me alertó: no es normal, presta atención. Después de tres días de realizada la prueba, recibí una llamada del Ministerio de Salud: “su resultado es positivo para el Covid-19”. En ese instante, en el que del otro lado de la línea me hablaban, me hice la misma pregunta que suelo hacerme en situaciones altamente desafiantes para mí: “muy bien Bea, y ahora, ¿qué hacemos?” Solo llegó en una fracción de segundo la respuesta intuitiva: “A bailar el Ran Kan Kan”.

Tito Puente, ese genio percusionista estadounidense de origen puertorriqueño, que se paseó por varios géneros musicales, entre ellos el jazz, el mambo, y la salsa, hizo muy famosa esa pieza del Ran Kan Kan. Lo significativo para mí en ese momento, es que, para poder aguantar ese ímpetu rítmico de esa joya musical, es necesario una muy buena capacidad pulmonar. Inspirar y expirar al ritmo de una mezcla de salsa, mambo y chachachá. Entonces, ¿qué representó para mi esa respuesta que llegó como una ráfaga, sin apenas pensar?: el foco.

Es decir, centrarme en una meta, que representa la resolución de la situación presente. La opción no era quedarme en el diagnóstico, ya era un hecho, tampoco quería permanecer en la sensación de miedo. Las posibles complicaciones, las estadísticas y un largo etcétera. ¿Qué hacer entonces, además de iniciar el protocolo de salud para atender y salir de los síntomas e informar a los familiares cercanos y muy pocos amigos? Lo primero que hice fue en la medida que le iba avisando a la gente cercana, les decía: “mientras te digo esto quiero que me veas bailando. Si algún pensamiento de duda llega, no importa, vuelve a verme bailando”.

Entonces me enfoqué, me centré en el resultado, proyectando lo que quería con fuerza y desde la emoción y el sentimiento. Sin pensarlo. Esa actitud ha cambiado varias veces mi realidad. Esta vez no fue la excepción.

¿Con qué me quedo de esta experiencia? ¿Y para qué la comparto? Para puntualizar algunos elementos que posiblemente sean útiles aplicarlos en otros contextos.

  1. Para. Detén el hacer y el pensar y deja que tu intuición te hable. Todos, absolutamente todos los seres humanos tenemos esa voz interior- que no es exactamente una voz- es más una sensación. Esta siempre comunicando. A veces la escuchamos, y es una aliada, siempre.
  2. Cree. Y confía en el poder sanador de tu propio cuerpo. Tenemos en nuestro organismo una poderosa farmacia y contamos con un sistema inmune capaz de recomponerse de manera exitosa.
  3. Siente. La fuerza del amor todo lo puede. Es cierto, la gente que nos ama siempre orará por nosotros.
  4. Céntrate. Pon el foco en la nueva realidad, esa que va a modificar la situación desafiante. No estás negando lo que te sucede, estás proyectando lo que quieres. La fuerza de ese sentimiento es un poderoso detonante de nuestra sanación.

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