El derecho al ocio… ¿qué no es un derecho?

Mi nombre es María Alecia y soy adicta al trabajo.

Escogí esta frase, clásica de los grupos de rehabilitación para empezar el artículo, porque entre los lectores debe haber alguno que me conozca, y si no hago la aclaratoria corro el riesgo de perder credibilidad.

Sí. Pertenezco a una generación que creció con la idea de que uno debía ser  exitoso en la vida, y eso implicaba tener una carrera, escalar posiciones, continuar  estudiando para especializarse y poder competir.

De paso, soy mujer, así que a mi generación le tocó además ser buena madre, buena ama de casa, buena esposa, buena amante y al final del día, lucir bien. Claro, lo peor no es al final del día, sino al pasar de los años, seguir luciendo como si se tuviera 20 años… porque hay que competir.

En fin, dentro de mi generación el ocio estaba mal visto. Era sinónimo de perder el tiempo, de acercarse al fracaso. Así que nos convertimos en un  grupo de infartados,  con problemas de relaciones sociales y familiares. Eso si, exitosísimos.

¿Y que fue lo que pasó? Quizás se nos fue la mano y perdimos el equilibrio. Nos olvidamos que además somos seres humanos cuyo cuerpo y mente, requieren de descanso para poder continuar funcionando.

Y no son inventos míos, existen estudios de gente e instituciones muy respetadas que hablan sobre la importancia del descanso y el tiempo de ocio para la salud y hasta para el rendimiento en el trabajo. Incluso estudios que abordan la importancia del ocio como política publica por su impacto en la calidad de vida, como el de la Dra.  María Jesús Monteagudo, Profesora del Master Europeo en Dirección de Proyectos de Ocio de la Universidad de Deusto.

Recientemente se publicó un estudio en el Diario de Medicina Psicosomática, realizado entre 1 mil 400 personas. En él se reportaban como actividades de ocio, momentos de relajación, visita a amigos o familiares, vacaciones, idas al club, actividades religiosas o deportivas. Según la Dra. Karen A. Matthews, profesora de psiquiatría, epidemiología y psicología de la Universidad de Pittsburgh y coautora del estudio,  “La gente que está involucrada en múltiples actividades placenteras está mucho mejor, física y sicológicamente”.

No es fácil realizar el cambio, pero tenemos que empezar por convencernos nosotros mismo de que sí es un derecho y una necesidad.  Luego podemos continuar con pequeños pasos como buscar un pasatiempo. Incluso, si es el caso, comenzar por escoger un trabajo que te guste.

Confieso que todavía mi balanza se inclina hacia el exceso de trabajo, pero voy por buen camino. Gran parte de lo que hago me gusta, lo hago con placer, con orgullo, con pasión… y las horas libres, pues las disfruto al máximo, sin culpas, así sea frente al televisor sin hacer nada o conversando con mis amigos.



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