El desaprovechado potencial económico de la mujer

El desaprovechado potencial económico de la mujer

Nuestro papel como mujeres se ha transformado junto con los cambios sociales. Ganamos terreno laboral, tenemos más derechos y nuestra voz ha cobrado fuerza; sin embargo, de los 4,5 millones de empleos que se perdieron por la pandemia, 4,2 millones pertenecían a mujeres.

Si ya es preocupante que la Organización Mundial del Trabajo indique que el desempleo juvenil ha alcanzado el 20,5% en América Latina, es sorprendente que la brecha generacional sea tan grande.

Como sociedad, aún tendemos a asignar a la mujer como cuidadora y encargada del hogar. De acuerdo con la Comisión Internacional de Mujeres, cumplimos con el 76,2% de horas del trabajo de cuidado no remunerado. Permitimos que se nos imponga este rol y dejamos de lado nuestras metas por el bienestar ajeno.

El Índice Mastercard de Mujeres Emprendedoras indica que la tasa de emprendimiento de las mujeres es la más baja de América Latina, lo cual es irónico cuando la población femenina es mayor (50,82%) frente a los hombres (49,17%).

Pero, como decía Marie Curie, no podemos construir un mundo mejor sin trabajar en nuestra mejora. Para ello, comparto algunos conceptos que pueden cambiar realidades:

De soñadora a visualizadora:

Irónico, porque toda realidad se construye con sueños. Vivimos en la era de las frases motivadoras, donde se construyen las falsas creencias de que con desear algo se puede lograr, pero nos damos cuenta del daño que esto ha ocasionado.

Hay que visualizar en lugar de soñar. Así se pueden diseñar estrategias para lograr las metas. Soñar no garantiza nada.

La anatomía del miedo:

El miedo puede surgir por un peligro real o imaginario. Según mi experiencia como coach, cerca del 80% de nuestros miedos son infundidos por la mente. Se rigen por el deseo, invadiendo las metas; la duda, genera inseguridades sobre las habilidades; la decepción provoca el pensamiento de pérdida, y el fracaso, cuando el miedo vence, provoca resignación y renuncia.

Se es la suma de lo que se tolera:

Como mujeres no fuimos educadas para marcar límites ni decir “no”, ni siquiera cuando se trata de nuestro bienestar e integridad. Saber decir no, nos permite defender nuestros principios y necesidades.

El potencial económico de la mujer está muy desaprovechado y se necesitan profundos cambios sociales. Pero, recuerda que tenemos el poder de cambiar cualquier realidad. Lucha por tus sueños y metas, no te rindas ante el miedo.

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