El desenganche emocional para avanzar

El desenganche emocional para avanzar

¿Cuántas veces te has sentido atrapado en una situación una y otra vez? Tu cabeza no deja de pensar en lo mismo, le das vuelta a lo sucedido en forma indefinida, desgastante, y mientras sigas vinculado emocionalmente, es imposible cerrar ciclos.

Emociones y estados emocionales

No puedes avanzar porque dejaste de sentir emociones para pasar a vivir estados emocionales. Me explico, las emociones son momentáneas, llegan, se sienten, se van, pero cuando te dejas atrapar sin salir de ellas es cuando se enganchan con los pensamientos de tal manera que puedes crear un estado emocional que no te permite salir, que no te permite seguir adelante.

Llegan de esta manera los pensamientos obsesivos, que se repiten una y otra vez y que pueden afectar tu capacidad de concentrarte en otras cosas, dormir, disfrutar. Pensamientos donde los porqués se disparan con frecuencia con pensamientos fantasiosos de cómo podía haber sido de otra manera, muchas veces acompañados de culpa, responsabilizándonos de lo que ocurrió. A todos nos ha pasado, pero te pregunto: ¿qué ganas con eso?

¿Te ha pasado por ejemplo después de llorar y sufrir por una ruptura amorosa, que al pasar el tiempo cuando ves a esa persona te preguntas “¿cómo pude enamorarme?”. Cuando eso pasa te liberaste, dejaste ir el estado emocional de pérdida, de dolor, y se siente genial ¿verdad?

¿Cómo se logra eso?

Expresa lo que sientes: eso de contener las emociones enferma, pero cuidado con esto, la recomendación no es dejar salir sapos y culebras por tu boca. Recuerda que no es lo que se dice, sino cómo se dice. El respeto, la consideración al otro deben estar presentes, es decir, cuidar las palabras, el tono, los gestos es lo que te permitirá hablar en forma asertiva.

Deja que salga la costra: esto se refiere a no quedarte pegado en la emoción. ¿La soltaste? Pues excelente, entonces, déjalo ir. Todo pasa, no te aferres porque puedes quedarte atrapado en un estado emocional, tal cual una herida a la que no dejas de darle a la costra impidiendo su cicatrización.

Desprende lo que ya no está en tu vida: lo que se haya ido o se tenga que ir que se vaya. De nada vale mantener una conducta obstinada o tratar de aferrarte a lo que no puede ser, a lo que no es, aunque duela. Es un tema de valoración personal, no naciste como reptil para arrastrarte, sino para levantarte y seguir adelante.

Busca lo positivo: todo todo tiene su luz, su energía positiva, esa pareja que te dejó, ese ser amado que trascendió. La vida son ciclos y mientras más pronto lo superes más pronto podrás viajar a la próxima estación. Uno de los dolores más fuertes que me tocó enfrentar en mi vida fue el fallecimiento de mi madre, y solo pude superarlo cuando comprendí que era egoísta de mi parte pretender que continuara conmigo manteniendo su agonía con el cáncer, además de una profunda fe en Dios y el convencimiento de que la vida no termina aquí.

Ocupa tu mente: pensamientos de recreación de lo sucedido puede que vengan a tu mente, pero es hora de entender que el control de tu vida lo debes asumir tú. Cámbialos cuantas veces sea necesario, piensa en otra cosa, en especial en metas por lograr, cosas divertidas, tantas veces sea necesario. Puede que al principio te parezca una batalla, pero ten la certeza de que la victoria será tuya. Apuesta a ganador.

Perdona: todo tiene su razón, las situaciones, las personas. Comprender y desde allí tener compasión te permite perdonar (lo que no quiere decir reiniciar relaciones), pero hay que entender que las cosas son como son y no como uno quiere que sean, eso no lo podemos cambiar. Lo que sí tenemos es el poder de decidir con quién sí y con quién no, basados en el criterio de que nos suma y aporta bienestar en la vida.

En este sentido, comparto contigo un diálogo muy poderoso de la película “Comer, rezar y amar” que viene como anillo al dedo:
“—El problema es que no puedes aceptar que la relación haya sido tan corta. Eres como un perro abandonado, estás lamiendo el plato de agua vacío, tratando de encontrar alimento donde ya no lo hay. Y si no tienes cuidado, eso puede estancarte para siempre y hacer tu vida miserable. Así que déjalo ir.
—Pero lo amo.
—Pues ámalo.
—Pero lo extraño.
—Pues extráñalo. Cada vez que pienses en él, mándale amor y Luz. Después deja ir el pensamiento. Solo tienes miedo de dejar ir los últimos pedazos de David porque después de eso estarás sola. Pero esto es lo que tienes que entender, Groceries. Si despejas todo el espacio en tu mente que ahora estás usando obsesivamente en esta persona, tendrás la perfecta vacuna, un espacio libre, una puerta. Y ¿adivina que traerá el universo por esa puerta? De pronto muchas luz entrará, Dios entrará, y te llenará de tanto amor como jamás lo imaginaste. Así que deja de estar usando a David para bloquear esa puerta. Déjalo ir”.

¿Por qué hay que soltar?

Puedes ignorar lo que sientes, pero eso no te garantiza que se vaya, al contrario, permanece en tu interior como una bomba de tiempo afectando tu salud, tus creencias, tus relaciones, y es que, definitivamente, las emociones no deben ser menospreciadas, deben ser vividas, sentidas, revisadas y superadas para poder seguir adelante sin mochilas. Tu cuerpo no establece diferencia entre las experiencias vividas y las creadas en tu mente, y si no las dejas salir pasas a recrearlas una y otra vez. ¿Lo ves? Las vuelves a crear.

Es necesario entender cuándo se acaba una etapa, cuándo hay que cerrar el ciclo. Si insistimos en quedarnos allí dando vueltas, perderemos la alegría, el bienestar. Relaciones que culminan, mudanzas, trabajos que terminan. ¿Te revuelcas una y otra vez pensando en por qué sucedió? Vaya desgaste. ¿Cómo poder abrir una nueva puerta? ¿Cómo pasar la página? ¿Cómo seguir adelante si estamos pegados en el pasado?

¿Qué detona los recuerdos? ¿Fotos, cartas? Como en un juego de cartas, estas van cambiando en cada mano. No tendría sentido jugar una partida con el recuerdo de las cartas que teníamos en la anterior a menos que deliberadamente deseemos perder.

Hay heridas que no cierran, pero pueden dejar de arder. No es un lavado cerebral, es entendimiento, es deseo de continuar, es saber que todo pasa, que un dolor no define tu vida y que cada instante es una oportunidad de hacerlo diferente, de hacerlo mejor, de ir tras tu bienestar.

Imagen es de Elias Sch



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