El deseo

Vipassana es una de las técnicas de meditación más antiguas de la India. Durante un tiempo migró a Birmania, donde estuvo resguardada y se preservó el conocimiento. Hace más de 2500 años se enseñaba como una vía universal para los problemas universales. Actualmente, puede tenerse acceso a ella en muchos países alrededor del mundo.

Vipassana significa ver las cosas tal como son. Y agrego: no como yo quiero que sean. La diferencia es el deseo que nos acompaña siempre en todo si no estamos alertas y si no entendemos que por más que deseemos, no vamos a cambiar lo que es. Hay un orden divino inteligente que sabe qué es lo que nos conviene para nuestro crecimiento y para andar el camino que estamos destinados a transitar.

Esto se manifiesta en todos los órdenes de nuestra vida y muy especialmente en nuestra salud. Nuestro cuerpo no miente y él nos indica qué está mal, qué está impidiendo nuestra felicidad. Almacena memoria personal y ancestral determinante. Puede que hayas experimentado esto en una sesión de masajes terapéuticos, donde, al tocar un punto, se dispara una memoria almacenada y que suele ser iluminadora para entender algún conflicto oculto y resolverlo.

El deseo no satisfecho debe ser conocido para poder entendernos mejor, para alinearnos con nuestro verdadero destino. El dolor que muchas veces sentimos está íntimamente relacionado con esto. Las interconexiones que nos conforman van encadenándose y vamos manifestando síntomas, que son pistas para llegar al quid del problema. Muchas veces no podemos hacerlo solos, y debemos recurrir a personas que tienen técnicas, conocimientos y experiencia para ayudarnos. Puede que esa búsqueda nos lleve por caminos laterales que la hacen infructuosa, pero cuando tenemos un real, sincero y puro interés, el universo nos provee los medios para encontrar los adecuados para nosotros.

¿Cómo hacemos para darnos cuenta de esto? Lo mejor es sentarse o ubicarse en una posición que nos acomode, cerrar los ojos usando la técnica de meditación que resuene con nosotros, bucear en nuestro interior, en nuestra mente y en nuestro cuerpo. Detectar qué es lo que deseamos sea diferente. Evaluar si podemos hacer algo para cambiarlo o es algo que escapa a nuestras posibilidades y ámbito de intervención adecuada (esto es respetar el camino del otro). Si no me corresponde, si no me compete, sería interesante recordar la Oración de la Serenidad, de Reinhold Niebuhr: “Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar y la sabiduría para conocer la diferencia…”. Precisamente, en esa sabiduría, la de aceptar lo que es, encontraremos la paz y la conformidad indispensables para vivir con tranquilidad y confiadamente en que lo que nos sucede es lo que necesitamos para crecer y cumplir con nuestro verdadero cometido en esta vida.

En este video, encontrarás cuencos tibetanos y otros sonidos relajantes.



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