El difícil tema de la religión

En mi casa nunca pedí la bendición. Crecí en un hogar donde no se iba a la iglesia cada domingo, ni se rezaba el padre nuestro antes de comer o dormir. Nunca me bautizaron, nunca hice la primera comunión. Lo tuve que hacer pasados mis treinta años para poder casarme por la iglesia católica.

A mi abuela, muchos años antes de que yo naciera, le hablaron del budismo de Nichiren Daishonin y lo comenzó a practicar. Igual mi mamá. Así que crecí asistiendo a reuniones en las cuales muchas personas contaban sus experiencias de vida, hablaban del karma y de la causa y efecto. Al mismo tiempo, en algunas ocasiones, asistía a misa con un tío muy católico.

Mi mamá nunca se opuso a que asistiera a alguna misa, ni tampoco intentó persuadirme para que siguiera el camino que ella había elegido. El budismo le enseñó que todo está en uno y por ende, todo depende de uno. No es necesario imponer, ni exigir. Mi mamá y mi abuela, más que una religión, consideran que lo que ellas practican es una filosofía de vida.

Una de las cosas que recuerdo de esas reuniones a las que asistía siendo niño, es que te empujaban a creer en ti, que al momento de orar lo hicieras por ti, sin pensar en seres supremos. La fe vive en cada uno de nosotros, pero hay que aplicarla en función a lo que uno desea.

La religión es un tema delicado, y cada vez que comento que mi mamá no es católica, la mayoría se sorprende. A estas alturas son pocos los que han abierto su mente más allá de su fe en Dios. Cada quien se encierra en lo que cree y considera que eso es lo correcto. Por eso agradezco haber crecido en un hogar así, con un pensamiento diferente en lo que respecta al tema religioso.

Ahora que soy padre, pienso seguir el ejemplo de mi madre y abuela. No pienso influir en las creencias de mi hija. Es mejor darle las herramientas para que conozca lo diverso de las religiones, pero más que eso, para que sea tolerante a cualquiera de ellas.

De lo que sí estoy seguro es que intentaré inculcarle a Valerie una cosa, y lo haré siempre: que crea en ella. Es lo más importante, creer en uno, porque al final, la vida es un mano a mano con uno mismo.



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