El dilema del inmigrante: entre lo mío y lo de ellos, ¿quién gana?

En un par de semanas celebro mi octavo cumpleaños en el norte del mundo. Como me da por la nostalgia, recordé la primera vez que fui a una celebración de ese estilo por estos lares. Creí que aprender “Gratulere med dagen” (feliz cumpleaños en noruego) era todo lo necesario para estar a tono. Pues no, me enteré de que en fiestas infantiles –especialmente- el agasajado lleva corona, la reunión tiene horario y hasta el regalo tiene un límite de precio. La bandera nacional se ondea como señal de fiesta a la entrada, atrás, abajo y arriba de la casa… exagero sí, pero solo un poco; es un elemento tan importante como la torta o los globos. ¿Y el clímax? La hora del cumpleaños feliz: además de cantar, ¡bailas! –a lo escandinavo eso sí-, sin caderas, haciendo reverencias y dando vueltas.

“Bueno pues”-pensé- “pobre de mis hijos cuando nos toque celebrarles los cumpleaños…” ¿Y por qué? Dirán algunos, pero es que si bien es cierto que al emigrar esperaba encontrarme con cosas diferentes, también es cierto que ante tanta novedad llegó un momento en que todo me resultaba desconocido, ¡hasta yo misma!

¿Qué hacer? Es normal querer volver al confort de lo conocido, sentirnos aceptados, ser parte de algo. ¿Entonces? ¿Por qué opto?¿Lo mío o lo de ellos? Listo, borrón y cuenta nueva total, aquí todo es tan ordenadito, tan chévere, sí ¡lo de ellos es mejor!… ¿Mejor? Ay, no… ¿cómo va a ser lo mejor? La comida no sabe a nada y ni los buenos días te dan, es que ¡con lo mío, mío, mío, con lo mío no se metan!

En esa búsqueda de pertenencia, escoger entre lo mío o lo de ellos nos parece la única alternativa, pero desde mi experiencia (mezcla de lo estudiado, trabajado y experimentado), el secreto para una adaptación cultural exitosa pasa por el reconocimiento del valor de lo que traemos (lo mío) y de lo que encontramos en nuestro nuevo entorno (lo de ellos).

¿Cómo ejercitamos ese reconocimiento? Aquí un punto de partida:

Lo mío: cuando emigras, especialmente los primeros meses, vives situaciones que te hacen cuestionarte desde lo más básico: ¿estaré hablando muy alto? ¿estaré diciéndolo bien? ¿saludo con un beso, un apretón de manos o un movimiento de cabeza? ¿qué está permitido? ¿qué no?

Ejercicio: conoce tus raíces y el valor o perspectiva adicional que puedes brindar en tu nuevo entorno social. ¿Qué aprecia la gente de ti?

Lo de ellos: para facilitar la integración cultural, es fundamental aceptar que entre una cultura y otra las cosas no son mejores o peores, son diferentes.

Ejercicio: Conoce lo local, su historia, comida, tradiciones, canciones ¿Qué aprecias del país en el que estás?

En mi caso, y así vuelvo a lo de los cumpleaños que celebro en un par de semanas, me gusta darme cuenta de las cosas que se van sumando: ahora, además del desayuno en la cama, exijo también una corona (¡por fin una forma de canalizar mi sueño frustrado de ser miss Venezuela!) Y en la mesa de la torta, junto al quesillo y la gelatina, están también las banderas que representan a mi familia, la venezolana, la peruana, la noruega y ahora también la danesa. ¡Ah! Y claro, ahora también bailamos mientras cantamos y soplamos las velitas; con caderas eso sí, porque entre lo mío y lo de ellos, yo voy ganando lo nuestro.



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