El drama

Al drama que me referiré en estas líneas no es precisamente al género literario, pero si extraeremos de su concepto esa representación de acciones y situaciones humanas conflictivas que no relata sino que escenifica la realidad en la cual se entrelaza lo que acontece. Abordar las distintas realidades de la vida desde el drama, nos ubica en un contexto imaginario sobre lo que sucede.  Usualmente generamos la trampa de agrandar los hechos y logramos ausentarnos de lo esencial que contiene la lección que debemos aprender y evitar la reincidencia del suceso.
En el drama inciden muchos factores, el lugar de donde provenimos, la cultura en la que estamos inmersos, nuestra crianza y las historias que éstas involucran, recordando que somos el resultado de un sistema familiar. Por otra parte lo anteriormente descrito se convierte en nuestra estructura de abordaje a las crisis cualesquiera que estas sean. Centramos nuestra energía en reaccionar sin permitirle al acontecimiento en sí develarse, aceptarlo y hacer uso de nuestros recursos como materia prima de crecimiento.
Siempre que mentalmente nos trasladarnos hacía el futuro o hacia el pasado ante una situación y obviamos  el momento presente, estamos utilizando una vía de escape directa al drama. Cuando no aceptamos los sucesos de la vida tal cual se presentan, estamos generando drama. Permitir reconocer profundamente lo que acontece, es lo que aligera el camino hacia la superación del desafío y  enfrentar el acontecimiento con total aceptación es el final del drama.
Llevamos una vida basada para evitar el dolor. Luchamos en gran medida contra lo que acontece y muchas veces esto se convierte en nuestro gran aliado si nos permitiéramos vivirlo. Creemos que sabemos y realmente manejamos un escaso porcentaje de lo que significa la inmensa red a la que pertenecemos. Nuestra arrogancia nos impide visualizar el panorama completo y damos vueltas en un minúsculo círculo vicioso que nos disuade de acceder a lugares que nuestra existencia ignora. Reñimos y acudimos a estrategias inimaginables para no navegar en la incomodidad que pueden representar nuestros sentimientos, y nos sumergimos en fútiles análisis, pensamientos y deseos desmedidos por controlar todo en un esfuerzo de torcer lo que está allí para ser aprendido, o en su defecto para repetirlo si nos negamos a ello.
Nuestra mente racional distribuyendo responsabilidades sin asumir el proceso de la propia vida, es la encargada de resistirse. Va evaluando todo lo que acontece e identificándose con elementos externos que cada vez nos alejan más de lo que realmente somos y necesitamos. Nos conduce a reaccionar desde el drama, exacerbando lo que acontece, imaginando situaciones que posiblemente no estén sucediendo, regresando a episodios pasados para colocarlos a la palestra y crear profundas heridas porque en la mayoría de los casos la falta de equilibrio para deslindar lo real, lo  que necesitamos aprender y lo que exige de nosotros que es lo importante nos negamos a verlo.
Nuestros estados de ánimos, lo que pensamos acerca de nosotros mismos, lo que reprimimos, el ausentarnos permanentemente , regresar a referenciales que nada nos aporta, colabora en crear mayor drama a nuestra existencia. Recordemos, debemos evitar convertirnos en amplificadores de una ignorancia que nos atrapa y nos obliga a reaccionar, a esclavizarnos a interpretaciones erradas y apresuradas  que utilizamos como atajos para no aceptar lo que acontece y nuestra responsabilidad en ello. Asumir el riesgo que implica el cambiar las formas en que nos involucramos con los otros y con nosotros mismos, a darle cabida en nuestra vida a la calma para evaluar lo que sucede sin caer en periodos de total ansiedad, a dejar de vernos como víctimas de las circunstancias y permitir que nuestras emociones nos indiquen lo que estamos sintiendo sin agredirnos y en definitiva comprender que cuando actuamos desde el drama éste nos revela una pobre calidad de amor que sentimos por nosotros mismos.

 



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