El duelo, parte del viaje

El duelo, parte del viaje

Por Fanny Luckert, coach de vida, arte-terapeuta y PNL

 

La vida es un largo viaje lleno de aventuras y desafíos. Al pensar en un viaje, existen personas que planifican y organizan todos los detalles, asumiendo el recorrido con estricto apego a la planificación. Otras personas, prevén lo indispensable, permitiéndose ir creando ciertos lineamientos de guía en el camino. Finalmente, existen los que simplemente se tiran al camino a todo riesgo, queriendo vivir la aventura y disfrutar lo que el recorrido les va ofreciendo a cada paso.

Sin embargo, indistintamente del grupo con el cual nos identifiquemos, hay un elemento común entre todos ellos, aparte de desear el viaje, y es que ninguno querrá perderse el final. Es bastante obvio querer llegar a donde soñamos ir, pues era la meta y por ello, la celebramos, la disfrutamos y hacemos algo especial antes de regresar.

Algo parecido pasa con la vida. Si la comparamos y la vemos como un largo viaje, podemos asumirla con alguna de las posturas que describíamos antes. Vivir de manera planificada no dejando espacio para los imprevistos, ni libertad para aceptarlos cuando se presentan, haciendo que todo pase por el filtro de la razón. Esta postura casi siempre está orientada hacia el futuro. También se puede vivir la vida con una cierta planificación, siendo flexible para reorganizarse de acuerdo con los acontecimientos, y disfrutar lo que el movimiento fluctuante del vivir nos ofrece como sorpresa. En este caso, generalmente se tiene un filtro que logra alternar la razón, la intuición y la emoción. Finalmente, podemos vivir la vida con la mirada solo en el presente, sin prever absolutamente nada, resolviendo en la inmediatez, con la emocionalidad y el impulso como guía.

Si hablamos de la vida como un viaje, cabe preguntarse: ¿qué pasa con el final del viaje? ¿Estamos preparados para eso? ¿Aceptamos que como viaje tiene una llegada? Como en todo viaje, podemos ir solos o acompañados y siempre, nos encontraremos con personas para compartir parte de nuestro camino. Y al igual que cuando salimos de viaje en varios vehículos, si bien vamos juntos, por características del medio de transporte y/o por personalidad del conductor, es muy posible que unos lleguen antes que otros, pues inclusive hay quienes toman rutas diferentes y acortan el recorrido.

Como seres humanos, vamos por el camino de la vida compartiendo con diferentes personas entre familiares, amigos y conocidos. Pero por diferencias en la manera de asumir y cuidar la propia vida, por ignorancia o descuido, por la influencia de cargas genéticas, se llega al final del viaje en diferentes momentos y de diferente manera. Algunos llegarán en mejores condiciones que otros, más rápido o más tarde, solos o en grupo y la llegada será traumática o no. Lo que es definitivamente cierto e ineludible es que como en todo viaje, la vida también tiene un final, y sería recomendable estar preparados si queremos llegar de una manera tranquila.

El final del viaje de la vida de una persona implica necesariamente un duelo para los familiares y amigos que no van hasta el final del recorrido en esa oportunidad, pero que algún día irán.

El duelo es una experiencia que todos los seres humanos tendremos en algún momento, y como proceso implica separación o pérdida de algo que valoramos, que es importante para nosotros, algo que amamos.

Existe una muy amplia gama de posibilidades de experimentar el duelo en nuestras vidas, con diversas intensidades y en diferentes contextos, que van desde perder un trabajo, mudarse, terminar un ciclo de estudios, divorcios, migraciones y muertes. La separación o pérdida, cualquiera que sea, produce en nosotros dolor, cuya intensidad y duración va a depender del significado de la perdida, del nexo emocional que esté implicado en la relación, de la madurez emocional que hayamos desarrollado para asumir la despedida y de darnos el tiempo para procesarla internamente

Es inevitable como seres humanos pasar por procesos de duelos. Desde nuestro nacimiento iniciamos el camino del aprendizaje de la separación. En el vientre materno, estamos en simbiosis compartiendo el espacio físico y los fluidos fundamentales para vivir y crecer. Al nacer, nuestra primera separación, que no implica muerte, sino oportunidad de vivir y crecer.

Tips para el recorrido de la vida

  • Asúmela como un viaje de mil descubrimientos, retos y aprendizajes.
  • Prepárate para su final mental, física y emocionalmente.
  • Mantente atento en cada momento del presente, que es el único que te dará indicadores de cambio si es necesario.
  • Despídete, de alguna manera, de la persona, espacio, animal o circunstancia que genera el duelo.
  • Permítete el tiempo y espacio de intimidad contigo mismo para de vivir el dolor del duelo. No es eterno; si lo vives, pasará.
  • Si en el dolor se despiertan situaciones emocionales diferentes a las que ocasionaron el duelo, busca ayuda profesional para trabajarlas; de lo contrario, podrían dificultar tu despedida.
  • Como en el nacimiento, asume las despedidas y duelos como oportunidades de vida, crecimiento y aprendizaje.


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