El ébola aún no es rentable

Hay silencios elocuentes. Nuestra civilización en pleno siglo XXI, está dispuesta y alineada para repetir el rumor de turno. Es una nueva epidemia, las sospechas apuntan al África, se desborda el miedo, los expertos lanzan sus opiniones a quemarropa, hay gente que muere, de pronto el funeral es contagioso igual que el miedo que se transmite y contagia, sin  adquirir  categoría de  epidemia. Tengo ganas de realizar una antología de las  principales  epidemias y la manera como se transmite, no el virus de turno, sino el rumor que transporta miedo y las  respectivas oportunidades de negocio que las conversaciones  en la calle enfatizan que es un virus, su malignidad parece incuestionable.

Algunos países africanos cierran fronteras, se intentan poner barreras migratorias a este inédito virus, sin embargo nada parece  detener al Ébola, que se mostró  irrespetuoso incluso con el personal médico, supuestamente capacitado para lidiar con estos imprevistos microscópicos. Y mientras la incertidumbre golpea las puertas del presente de cada vez más personas, que claman por una vacuna contra esta nueva amenaza, la ciencia parece tomarse su tiempo, quizá porque  detrás de cada investigación científica y de la producción de medicamentos, existe análisis financieros que demuestran viabilidades o descartan inversiones, debido a la inexistencia de mercados suficientemente masivos, como para justificar las respectivas movidas financieras.

Por otro lado, nada se dice las condiciones de vida de la gente, como si los microbios se empecinaran en ensañarse   contra determinados sectores de la población mientras con otros, mantuvieran una relación distante y de respeto. Resulta sospechoso que un mismo problema infeccioso, produce un proceso diarreico en un niño sano y muerte repentina en niños desnutridos. Hablar de una epidemia entonces, no es referirse a riesgos similares porque la malignidad de un microorganismo con perfil patológico, está el directa relación con la calidad inmunológica que a su vez depende de las condiciones de vida que tiene una determinada población. Esto significa que hablar de epidemia sin aludir a las condiciones de vida de la gente, resulta engañoso e irresponsable, más aún cuando se trata de países que destinan gran parte de su presupuesto a  comprar armas y acumular tecnología bélica, altamente costosa e innecesaria, en tiempos en los cuales, no hay solución a los problemas de la humanidad, que no  tenga a la paz, como su requisito previo.

Desde la otra  esquina de la situación, encontramos sospechosas demoras en soluciones desde la  terapia farmacéutica, porque aún no existe la cantidad suficiente de clientes que requieran comprar el nuevo producto o los existentes, carecen de la capacidad de pago. Quizá la oportunidad de negocio en esta mentalidad, la perciban por la propagación epidémica del miedo y la inmediata puesta en el mercado de la respectiva vacuna. El miedo siempre ha sido una buena estrategia para masificar ventas, más aun cuando estas se tornan, por decisión gubernamental obligatorias. ¿Y el tratamiento para los que ya enfermaron? De momento parece que el Ébola, aún no es rentable.



Deja tus comentarios aquí: