El enemigo interior

Nuestro enemigo más atroz, el único que puede derrotarnos, vive en nuestro interior. Lo demás, lo que nos amenaza desde fuera, es sólo eso, una amenaza que nos acosa y tortura, pero que no tiene sobre nosotros más poder que aquél que queramos darle. Incluso la muerte, cuando se le ve venir, puede ser poca cosa si es que tenemos la capacidad de enfrentarla desde la aceptación y la serenidad; esto, lejos de ser algo extraordinario, sucede todos los días en muchos lugares del mundo. Muchos moribundos se convierten en verdaderos maestros de vida.

Nuestro momento es ahora mismo. Nuestra llamada a la acción tiene fecha de caducidad. El escenario está dispuesto y nos corresponde actuar; no esperemos más, no tratemos de negociar con nuestra responsabilidad. Si no queremos vivir a plenitud, está bien, nadie puede obligarnos a ello, pero debemos vivir toda la vida sin protestar por las consecuencias naturales de nuestra cobardía. Que nadie se llame engañado cuando amanezca con las manos vacías.

Quien no tiene el valor de vivir posee una enorme creatividad para forjar excusas. Está derrotado de antemano porque no tiene el valor de someterse a sí mismo, el coraje de tomar las riendas de su vida y luchar contra la corriente si es preciso. «No se puede, Álex. Vivimos en una dictadura social que nos oprime», me dijo una persona hace poco en una conversación casual. Hay que reconocer que tiene razón en algo, la presión social es enorme y trata en todo momento de que nuestros deseos más fervientes se queden en eso, en sueños sin futuro alguno; pero por eso mismo, porque la presión es grande, se precisa de un acto personal de definición existencial verdaderamente revolucionario.

sombraLa realidad no es lo que creemos que es, es algo más. No se trata de un objeto acabado que recibimos y debemos aceptar sin más; nuestra capacidad de incidir en ella y hacerla algo mejor es enorme. A veces pienso que somos como carros de carrera que a pesar de tener un motor enorme, vamos por ahí a una velocidad ridícula, ignorando impunemente nuestras potencias interiores.

No hay magia alguna. Lo queramos o no, es así.

El enemigo interior porta múltiples máscaras: el miedo, la pereza, la furia, etcétera. Es hábil como ninguno y se ha encargado de hacernos creer que él es nosotros, que somos él, que esas emociones tan nocivas son esencialmente humanas. Su estrategia favorita consiste en hacernos creer que vivimos bajo la autoridad de un determinismo que no puede ser superado de ningún modo. No hay tal. La sustancia humana es la intuición, el sueño, la vocación de ir siempre hacia adelante para provocar y transformar. Cada uno de nosotros es un héroe, como bien dijera Joseph Campbell, porque hemos iniciado una jornada maravillosa: la vida misma.

Esa voz nefasta que nos acosa no soporta algo: la acción. Si te dice que no puedes, inténtalo; si te dice que es ridículo, hazlo de todos modos; si te dice que aún haciendo lo que haces, lo haces mal, sigue haciéndolo con humildad, aprendiendo de los que saben, trabajando y confiando en tu capacidad de aprendizaje. Haz todo esto y después me cuentas. Nos vamos a reír mucho, ya verás.

El enemigo más terrible al que te habrás de enfrentar nunca, recuerda, te visita cada mañana en el espejo.

Trabaja, ora, ten fe y no te olvides nunca de la alegría.

Te mando un abrazo.



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