El espejito de papá

Ilustración de José Alejandro Ovalles [email protected]

Hay personas que nos pulsan los botones. Les bastan tan solo unas palabras o unos cuantos gestos para tirar los gatillos de nuestras emociones y así, a veces sin querer queriendo, disparan reacciones que ponen a flote lo más denso o brillante que llevamos encima. En mi vida me he cruzado con varias de estas personas. Una de ellas está a punto de cumplir 7 años.

Es mi hija Andrea.

Criatura maravillosa, de risa explosiva y contagiosa, inteligente e intuitiva, esta loquita tiene una energía atómica y una vitalidad inagotable. Ocurrente, espontánea y apasionada, Andrea tiene una actitud frontal y decidida ante la vida. Eso significa entre otras cosas que le gusta hacer las cosas a su manera. Y las hace cuando quiere.

Digamos que la niña tiene su personalidad y no la esconde, cosa que me encanta casi siempre menos al momento de pedirle que haga algo. Y es que cuando me toca hablarle con voz de papá el riesgo de cortocircuito es alto.

O dicho en otras palabras: hay momentos cuando me saca la piedra.

En su configuración el “no” viene por default, asunto manejable cuando estoy de humor y envuelto en paciencia, pues dialogamos y muchas veces llegamos a un punto medio. Pero si me agarra atravesado mi reacción no es precisamente ejemplar (pero es la que me sale). El catálogo exasperado incluye alzar la voz, lanzar alguna amenaza, ventilar mi frustración y quizás decir “vete a tu cuarto y cuando dejes de llorar, seguimos hablando”.

Pero la verdad es que en ese momento también debería decirme a mi mismo “vete tú a tu cuarto y cuando te calmes y le bajes dos a tu reacción puedes volver a hablar con ella”.

Acá la píldora: cada quien tiene su forma de ser y no podemos obligar a nadie a comportarse exactamente como queremos ¿cierto? Por simple justicia esto también debe incluir a los hijos, y si entendemos la crianza como algo más que dar órdenes y administrar castigos, entonces debemos aceptar que con los hijos tenemos una relación a doble vía. Y a los padres nos toca poner la mirada sobre todo en nuestro camino.

“El mayor reto que traen nuestros hijos es que son un espejo que nos muestra quienes somos” dice Evelyn Mezquita, coach y creadora de SerPadresConscientes.com. Viéndome desde allí, en la hermosa carita de Andrea (aficionada a Pokemón, por lo cual suelo decirle Cutimón, de cute, o cuchi) en realidad estoy viéndome a mi mismo y la forma como respondo o reacciono ante los retos y bendiciones de la vida, incluyendo el ser papá. Y allí observo muchas cosas que me gustan… y otras que no tanto.

“Ser padres… tiene todo que ver con los padres, y nada que ver con los hijos” según Evelyn, y en esto tiene una buena dosis de razón: el tipo de persona que elijamos ser, especialmente con ellos, definirá el tipo de relación que construiremos. Sin olvidar jamás que los tenemos en nuestras vidas como un préstamo y no como una posesión.

Quizás Andrea algún día lea este artículo y me imagino que se reirá y no encontrará nada nuevo. Porque ya de estas cosas vamos hablando entre juegos, buscando maneras de llegar a acuerdos y explorando caminos para hacer de nuestra relación una experiencia aún más amorosa.

Y claro, en ocasiones nos pulsamos los botones, echamos chispas y saltan los fusibles. Pero también de eso se trata la vida ¿no? 



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