El estrés es un verbo, no un sustantivo

Estudios científicos han demostrado durante décadas que el estrés nos hace vulnerables y propensos a contraer enfermedades. Sin embargo, seguimos refiriéndonos al estrés como algo que “nos sucede”. La conocida escala que mide el Estrés de Holmes y Rahe, creada en los años sesenta, sugiere que eventos como el divorcio, cambiarse de casa, casarse o tener un bebé, son eventos intrínsecamente estresantes de manera previsible. Los nuevos descubrimientos de la Biología nos demuestran que el estrés es algo que nos creamos, que nos hacemos a nosotros mismos, cuando atendemos a pensamientos y creencias negativas, con las elecciones que hacemos o las decisiones que tomamos.

Podemos convertir un acontecimiento cualquiera en nuestras vidas en una comedia o una tragedia dependiendo de la forma en que lo percibimos y lo manejamos.

Un divorcio, por ejemplo, podría ser un alivio para ambas partes y puede contribuir a que la relación entre ambos se suavice y relaje, permitiendo que los hijos (si los hay) ya no perciban esa tensión y puedan todos cambiar sus vidas positivamente. Por el contrario, un divorcio también puede convertirse en una batalla interminable por el dinero y la custodia de los hijos, dejando que la relación esté dominada por el resentimiento, la culpa y la dependencia. Asimismo, tener un bebé puede ser un regalo invaluable o una prisión miserable. Cambiarse de casa puede ser un placer o una pesadilla, si te dedicas por años o meses a buscar la casa apropiada o si, una vez que la tienes, comienzas a hacerle renovaciones interminables. La decisión es únicamente tuya. El estrés es entonces un verbo. Si estás bajo estrés te estás estresando a ti mismo.

Cualquiera que sea la situación tienes la habilidad de elegir la respuesta, ya que son los pensamientos y las creencias que tienes los que están originando el estímulo estresante. Así como podemos elegir pensamientos negativos que generan una respuesta estresante; podemos elegir otros pensamientos que nos saquen de esa situación. El estrés es un mensaje. Es una invitación personal a hacer un cambio para bien. Es como un memorándum que viene de nuestro interior diciéndonos URGENTE – cuida de ti-, o AYUDA- busca apoyo-, o SIN BATERIAS –recárgalas-, o IMPORTANTE –trabaja inteligentemente –. El estrés no es un castigo. No es debilidad. Es información. ¡Úsala!



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