El estrés navideño

El estrés navideño

Cada vez que se acerca la Navidad, mi primer impulso es el de tratar de revivir las fiestas de mi infancia: toda la familia y amigos reunidos, noches de salir a patinar, misas de aguinaldo, comida, estrenos, regalos, esperar la Nochebuena, preparar y comer hallacas, visitar a los vecinos cantando aguinaldos o villancicos. Soñaba con la llegada de la Navidad, sus luces, sus olores, sus sonidos… hasta que crecí y todo cambió.

En algún momento, caí en el ciclo de estrés Navideño tratando de crear las fiestas perfectas, con regalos para todos, reviviendo tradiciones, con poco presupuesto y muy poco tiempo para organizarlas. El resultado: un cansancio que no me dejaba ni disfrutar, además de una sensación de inconformidad y dudas de si había comprado el regalo apropiado para cada quien.

Así que decidí analizar cuáles son los principales factores que llevan a una persona con un espíritu navideño como el mío, a convertirse en un verdadero Grinch y encontré que compartía con otros, algunas fuentes de estrés.

La causa número 1, sin dudas, son los regalos. Pasó la temporada en que eran detalles, algo especial que nos hacía sonreír. Ahora hay una competencia por grandes obsequios que están a lo mejor por encima de nuestro presupuesto. Centros comerciales atestados de gente y el no saber exactamente si nos va a alcanzar el dinero o si a la otra persona le va a gustar el regalo. Y hasta los niños, se han vuelto cada vez más sofisticados y exigentes.

Las expectativas. A veces una Navidad perfecta para nosotros, incluye lo que esperamos que hagan los demás. Que nos den el regalo perfecto, que vengan a la fiesta que preparamos.

La decoración. Aquello que solía ser una actividad familiar en la que todos tenían un rol y todos disfrutaban se ha ido perdiendo y ha quedado sólo el show de decoración con el trabajo que eso implica.

La familia. Con quién la pasamos, o cómo acomodamos a todos si somos anfitriones. Si hay que pasar por el escrutinio de la suegra o calarse al tío pasado de tragos o tratar de que los hijos adolescentes les importe sentarse a la mesa a comer lo que hemos pasado horas o días preparando.

Las fiestas. Cómo ser los perfectos anfitriones, que no se nos queme el pavo, escoger la música, que nadie se aburra.

El asunto es que para dejar que ese espíritu tan especial nos embargue, es importante hacernos la vida más simple. Si no, pasa por delante y ni cuenta te vas a dar cuentas. Aquí te dejo unos consejos.

  • Sincérate. Revisa tu tiempo, tu presupuesto y con quienes realmente quieres pasar estas fechas para no sentir que nos quedamos en la mitad del camino o rodeados de gente que no aprecia lo que estamos haciendo.
  • Crea tus propias tradiciones. Que sean sencillas, fáciles de manejar para ti. Por ejemplo yo me reúno todos los años con mis amigos de universidad para prepara nuestras hallacas. Es el día que nos regalamos para compartir, reírnos de nosotros y desearnos lo mejor.
  • No esperes tanto de los demás. Cada quien tiene diferentes compromisos, tradiciones, formas de expresarse y estado de ánimo.
  • Prepara intercambio de regalos con tus amigos, compañeros de trabajo  y familiares. Así recortas la lista de compras, te concentras en unos pocos regalos bien pensados y además pueden inventar alguna forma divertida de repartirlos.

Recuerda que son días en los que puedes dedicarte a ti,  a tu familia a tus amigos más queridos. A escuchar música, preparar algo rico en casa, ver películas cursis. A descansar y reflexionar. Baja la guardia y deja que el Espíritu de la Navidad ponga la magia.

¡Feliz Navidad a todos!



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