El estrés: un enemigo que podemos domar

El estrés: un enemigo que podemos domar

El estrés parece haberse apoderado de nuestras vidas: el trabajo, las responsabilidades, la familia, el día que nunca alcanza para todas las tareas pendientes, el tratar de complacer a todos y el insoportable compañero de trabajo; gota a gota se nos va llenado el vaso, hasta que se derrama. Lo peor es que cada vez más estudios comprueban la relación entre el estrés algunas enfermedades, el envejecimiento prematuro y hasta la muerte.

No hay dudas de que el estrés se ha convertido en un problema de salud pública, sin embargo, cada uno de nosotros puede tomar acciones para bajarnos las revoluciones y mantenerlo en niveles manejables.  Lo primero es identificar las fuentes de estrés y nuestra forma de enfrentarlo para poder trazar una estrategia.

Una vez que entendemos nuestro propio proceso, podemos pensar en cómo manejarlo. Desde evitar estrés innecesario aprendiendo a decir “no”, evitando gente, ambientes o temas estresantes; hasta aceptar cosas o situaciones que no están en nuestras manos y aprender a perdonar o a controlar nuestras reacciones ante el comportamiento de otros.

Otra estrategia es cambiar las situaciones que te generan estrés, por ejemplo, controlar mejor el tiempo o expresar mejor los sentimientos y las ideas en vez de tragártelas hasta que explotes.

También puedes adaptarte. Si ya estás atrapado en el tráfico, aprovecha el tiempo para escuchar música o para repasar los planes pendientes. Piensa además a mediano y largo plazo. ¿Cuánto tiempo puede durar la situación por la que estás atravesando? Recuerda que no hay mal que dure cien años y un período de sacrificio puede tener sus recompensas.

Toma tiempo para relajarte y retomar el control. Sal a caminar, llama a un amigo, toma un baño largo, haz ejercicios, juega con tu mascota, lee, escucha música, trabaja en el jardín.

Por último, piensa en adoptar una vida más sana que incluya una buena dieta, ejercicios regulares, tiempo para dormir bien y evitar el tabaco y el alcohol.

Lo más importante es aprender a escuchar a nuestro cuerpo. Entender las señales y tomar medidas enseguida. Recuerda que relajarse y disfrutar no es un lujo, es una necesidad. Puedes estar seguro de que el mundo no va a parar porque te bajes unos diez minutos a descansar.



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