El Fin de la Desdicha

Conociendo el Dhamma: Meditación Vipassana. Ese hubiera sido un título más apropiado, sin embargo, no quería usar términos que hasta hace unas semanas no conocía. La idea es que esto llegue a todo público sin necesidad de un estudio previo. También se que no es recomendable usar una palabra con sentido negativo como “desdicha”, pero precisamente esa es la primera Noble Verdad que se aprende: La naturaleza de la vida es sufrimiento.

Aunque suene pesimista, es el inicio de un buen camino. Para solucionar el problema debe reconocerse, estudiarse, comprenderse.  Y esto no sólo se logra leyendo, debe ser vivenciado. Por supuesto que hay teoría, historia y conceptos nuevos, pero sin la práctica no se llega a la meta. Durante el curso hay una perfecta comunión de conocimiento, razonamiento y experimento.  Importante saber que es un curso, no un retiro espiritual. Tras laborar entre 80 y 90 horas a la semana por meses pensé que era buena idea tomar ese “retiro” de 10 días. Total, el lugar es bonito, la comida es sana (vegetariana), se toma un voto de Noble Silencio y se medita. Ha de ser muy relajante. Además, hace un par de años me inicié en la Meditación Trascendental, practico a diario, debo ser un “duro” meditando.

Pues no, yo era blando, estaba equivocado. Gracias a Dios estaba equivocado… Y sí, nombro a Dios porque para aprender esta técnica no se debe hacer ninguna conversión de religión. Usted puede seguir siendo católico, santero, cristiano, palero o ateo.  La meditación que se aprende es universal, libre de todo culto y credo.

Darle una oportunidad justa a la técnica es lo mejor que se puede hacer durante esos días. Diría que cambia la vida, pero esa es otra gran verdad que se aprende, TODO CAMBIA. Nada es eterno, todo surge y desaparece, nosotros mismos somos un cúmulo de ondas que vibra trillones de veces por segundo, esto fue lo que experimentó Siddharta Gautama, conocido como El Buda, cuando “despertó” hace 25 siglos. Pero Buddha no es una persona sino una cualidad, la de la iluminación, y cualquiera puede llegar a iluminarse. Entender que el bien y el mal comparten la misma característica de impermanencia es el primer paso, el siguiente es vivirlo, mantenerse ecuánime frente a las distintas realidades y ese es el propósito de la meditación Vipassana. El proceso terminó siendo más fuerte de lo que esperaba, pero muy satisfactorio al final. El día comienza a las 4 de la mañana y termina a las 9 de la noche.

El sonido del gong marca las horas de meditación y comida, ya que al llegar uno hace entrega de reloj, teléfono y demás pertenencias que puedan distraer la atención. Son 12 horas netas de meditación diaria con breves recesos cada cierto tiempo, aunque al menos 1 hora se debe permanecer sentado con la firme determinación de no moverse. Seguir las instrucciones, concentrarse y sentir cada parte del cuerpo es algo en lo que se avanza con cierta fluidez hasta que aparecen dolores, calambres, cosquilleos y demás molestias que dificultan la quietud.

El Fin de la Desdicha 2.jpg (1)La experiencia es distinta para cada quien, vale acotar. Las sensaciones corporales son manifestaciones de episodios ocurridos a lo largo de la vida y la forma en que reaccionamos frente a ellos. Al dominar las reacciones del presente, van surgiendo asuntos del pasado que deben ser observados con el mismo temple para erradicarlos. El sexto día fue particularmente duro para mí, un fuerte dolor en la pierna derecha me pedía cambiar de postura a los 40 o 50 minutos, era frustrante no poder alcanzar la hora. Consulté con el profesor quien me dijo que no desarrollara ningún sentido de aversión hacia el malestar, que seguramente se trataba de un viejo “Sankara” fuertemente arraigado que debía eliminar. Pues, al día siguiente enfrenté la jornada con esa mentalidad y aquel dolor que me había robado una lágrima, ahora me generaba una sonrisa, no porque había desaparecido completamente, sino porque comprendí su impermanencia, la intensidad era latente, estaba y no estaba, podía dominarlo. Bajo esta misma consciencia viví el flujo libre de energía cuidando no mostrar avidez hacia tal experiencia espiritual. Para el octavo día el cambio es evidente, por fuera se ve una persona que pasa horas sentada con los ojos cerrados sin moverse, pero por dentro hay observación, comprensión, evolución. Un verdadero descubrimiento de lo que somos y podemos ser. El verdadero fin de la desdicha.

Nota: El curso, el alojamiento y las comidas no tienen costo alguno. Los alumnos del pasado hicieron donaciones de bienes y servicios para que usted pueda disfrutar de tan maravillosa experiencia hoy. Al final del curso, si así lo desea, también puede donar y prestar servicio a favor de los estudiantes del futuro. Perfecto Dhanna.

http://www.venuvana.dhamma.org/



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