El rescate de los valores

La humanidad se encuentra en un periodo de crisis que no puede circunscribirse prioritariamente, a un ámbito económico o político. Actualmente, mediante un criterio utilitarista, se confunde verdad, realidad o incluso sensatez con aproximaciones o postulados del pensamiento humano que propenden a incrementar una visión materialista de la realidad. Incluso, de una forma aún más inmediatista, todo aquello que no contribuya a una supervivencia material más y más hipertrofiada, se banaliza y se descalifica con palabras “despectivas” como: idealismo o peor aún, con “insultos” tales como: metafísica.

El cientificismo campea como poderoso emperador que dicta y dictamina los criterios de verdad y falsedad, fundamentándose exclusivamente en una aproximación metodológica que permite una cercanía al conocimiento desde límites precisos y estrechos, que dejan por fuera los aspectos humanistas y espirituales que nos caracterizan como especie. Y para colmo, de reduccionismo, cuando esa misma ciencia se encuentra que lo inmaterial se cuela por las hendiduras de sus paradigmas, simplemente se niega a replantearse una nueva concepción de lo que significa Realidad y lo que es en última instancia más allá de su cuerpo físico, un ser humano y su conciencia.

golemAtreviéndose a pensar, la propia ciencia olvida uno de sus fundamentales postulados, expresado por Heidegger con escándalo, según sus propias palabras, pero con certera acidez, cuando dijo: “La ciencia no piensa” ( Die Wissenschatf denkt nich), refiriéndose al pensar filosófico; menos aún y en el mismo contexto, lo hará la técnica, nos atrevemos a agregar nosotros.

Por otra parte, aquel que pretenda retomar o rescatar valores fundamentales,  que no sigan los postulados superficiales de moda y que no son aptos para alcanzar la falsa pretensión aberrante de lo que se conoce como éxito o felicidad, será rápidamente ignorado y trivializado por el amorfo golem de la mediocridad, característico del inmediatismo imperante.

Sin embargo, para nosotros, lo capital es precisamente enfatizar, mostrar y privilegiar la dimensión espiritual de la vida en general y de la conciencia humana en particular.

Creemos que es indispensable redireccionar la postura tecnológica y materialista como único criterio de progreso y evolución humana, esa que olvida valores trascendentes de la espiritualidad que nos acompañan inexorablemente como especie. Pensamos que es allí, en donde radica la única posibilidad de salvación para una humanidad que se encuentra en medio de dos etapas y más allá del punto de no retorno.

Vivimos en una época en la que la transformación evolutiva de la conciencia humana se hace imperativa. Época de transición y salvación o de hundimiento y destrucción por valores inmediatistas.

La decisión es nuestra, y radica en generalizar en todos los estratos de la humanidad,  la posibilidad de ver lo que realmente somos y no conformarnos con la aceptación única de la materia física que nos dimensiona en la materialidad de nuestros cuerpos.

Debemos empinarnos sobre nosotros mismos y comenzar a contactar el portentoso caudal de espiritualidad y de conciencia que enaltece y da un nuevo significado al transitorio pasar de nuestra vida. Al hacerlo, valores inherentes al nuevo significado se hacen obvios,  e impulsan a la humanidad entera hacia un camino de real evolución y progreso.

 



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