El hombre doliente

Querida Sheila: me siento muy mal, frustrado, enojado con la vida que me tocó, desconforme con todo, ver que no soy capaz ni siquiera de que me llamen para trabajar de motorista. Siento que me consumo lentamente, más y más que toda la energía que tengo que los 5 o 7 kms que corro no sirven de nada. Estar a cargo del cuido de los 3 niños se ha vuelto un fastidio que no puedo hacer nada ni planificar nada porque no hay quien los cuide. Me desespera ver que el tiempo pasa y yo igual o peor. Veo como otras familias prosperan, compran casa, carros, tienen trabajos constantes, estos conocidos hasta con amantes o novias (además  de sus esposas) y yo que me dedico a mi familia que ni me drogo ni emborracho no logro salir de esta miseria. Te cuento que las medicinas que tomo lo único que siento que me ayudan es a dormir mejor y quizá más energía pero no me da el dinero o comida o trabajo o tranquilidad que necesito. La última sesión que tuve con la siquiatra sentí que fue como tirar los 40 US dólares a la basura…

Algo malo pasa conmigo, eso lo sé. No soy capaz de hacer nada productivo. No le veo salida a mi situación y no sé si algún día podré superarlo. Hay días que solo quisiera estar acostado y dejarme vencer. Tú dices: la vida es un regalo pero yo consciente de eso, me aterra pensar que lo que me quede de vida será de pura miseria. Sheila ayúdame. Háblale a Dios de mí, quizá a ti te escuche y quiera sacarme de esta miseria en la que ya llevo tantos años. Quiero gritar de rabia, llorar hasta quedar sin conocimiento, entender porque no puedo salir y ser feliz con lo que me tocó. 

Vivir contento. Estar contento. Vivir en estado de contentamiento con lo que se tiene y con las propias circunstancias. ¡Qué gran reto! sobre todo en tiempo de incomodidad, crisis y hasta pobreza. Sheila Morataya

Querido amigo: mi corazón sale al encuentro de tu sufrimiento y te abraza. Tu carta es tan profunda, humana y tremenda que me he tomado varios días antes de responderte. Al momento de hacerlo me sentí inspirada a tocar el disco de Las Horas, la película interpretada por Meryl Streep y Nicole Kidman en la que la última termina quitándose la vida. Y es que la vida, como decía Viktor Frankl es hermosa y terrible al mismo tiempo. Quiero agradecerte por la valentía con la que has expuesto tu corazón.

Estarás de acuerdo conmigo en que tu situación actual es el resultado de decisiones, acciones, pasos que tomaste o dejaste de tomar todos los días de tu vida. Algunos le llaman karma, otros causa y efecto; muchos, suerte. Siempre le digo a mis clientes que  nuestra realidad actual es el acumulamiento de  todo lo que has puesto dentro del contenedor llamado vida día a día. Es así, siempre sacas lo que has puesto en ella y si no has puesto, los ingredientes óptimos nunca sacarás lo que esperas. Me gusta mucho pensar en los enormes cilindros de Iowa en los que van depositando los granos de maíz después de haber invertido el agricultor meses y meses de abono, riego y cuidado para tener una buena cosecha. Es impresionante la cantidad de maíz que esos contenedores pueden llegar a acumular cuando el agricultor ha tenido su atención completa cada día de la temporada y se ha asegurado así, que obtendrá de su trabajo, lo que espera.

Dicho lo anterior quisiera hacerte notar, algunas actitudes básicas para la vida que observo has perdido de vista. Trata de meditar en cada una:

Eres bueno y vales: una de mis historias favoritas es la que se da en el proceso de la rosa. Si has plantado alguna vez alguna rosa, la riegas, abonas y esperas pacientemente a que florezca. En su gestación, no la criticas o dices que viene creciendo muy lento y que por eso no sirve. Al contemplar  su belleza en plenitud sientes como tu vista se re-crea y se expanda tu interior. Eres testigo de su muerte. Hasta ese final tú y yo sabemos que la rosa sigue siendo rosa pues por esa naturaleza que inspira y alegra los ojos, es buena y vale.

¿Tienes idea de que independientemente de lo que te pase en este momento de tu vida, tú eres eso y más que la rosa? Respira hondo. Siente. Reflexiona. Despierta.

Eres bondad fundamental: este,  es el  sentimiento intrínseco, la experiencia de sentirse ser un bien para el mundo. Tengas en este momento un trabajo; una mujer que te quiera; unos hijos; popularidad, riqueza y educación, nada de esto, te quita tu dignidad. La madre Teresa de Calcuta sabía muy bien esto, por eso mismo, acudió a recoger a los moribundos y engusanados de las calles de la India para proveerles una buena muerte. Uno de ellos murió mirándola a los ojos al tiempo que le decía que jamás nadie le había hecho sentir que era bueno que existiera. Lo que puedas lograr en la vida, estudios, fama, fortuna, bienes materiales, nada de eso te da la categoría de bien. Eres un bien porque eres ser humano. Lo más alto y perfecto de la creación. Potencialidad pura. En tu carta, me indicas claramente que te has desconectado de este sentimiento. Es preciso que decidas reconectarte a esa bondad fundamental, que sigue ahí brillando, para recuperar la fe en ti mismo. Respira hondo. Siente. Reflexiona. Despierta.

Eres auto-estima: Sólo el ser humano “sabe” que se ama a sí mismo. Desde mi experiencia entiendo la auto-estima como esa amistad incondicional con uno mismo, pase lo que pase. Nada de lo que pase, te quita tu valor. Vales porque sí, es tu naturaleza primordial.

Suelta la agresión hacia ti mismo, que oscurece toda la vida. Reconoce que el lugar donde estás es doloroso, no tienes más remedio que examinarlo. Pasarlo de largo, provoca la miseria, la maraña. Siéntate frente al sufrimiento, míralo a los ojos y VE lo que te pide. ¿Qué es a lo que no estás respondiendo en tu vida? Solo el ser humano puede responder;  ¿cuáles son las realidades que ocurren a todas las personas? Todos sufrimos en algún momento del camino;  ¿cómo piensas que es la vida? No ofrece siempre placer, también brinda sentido; ¿qué tiene que darte la vida y que tienes que darle tu a ella? Es un regalo y tú decides cuánto vas a apreciarlo y utilizarlo para tu propio bien.

Me viene bien recordarte lo que tiene que hacer el águila para morir o seguir viviendo. Llegada a cierta edad, tiene que mudar plumas y garzas. Hacer esto implica la decisión instintiva de encarar el dolor de ir desplumándose a sí misma y de arrancarse sus garzas una a una. Cuando el águila pasa esta valiente y aterradora prueba, renace con nuevo plumaje, brillo en sus ojos y lista para vivir la segunda y más importante etapa de su vida. Se da cuenta así, que es reina y señora de todas las aves. Poderosa.

Examina tu sufrimiento con cariño, no pasa nada porque lo estés pasando mal; todo los seres humanos la pasan mal y no pasa nada, la vida sigue. Luego de explorarlo, pregúntate ¿por qué es mi vida así hoy? Respira. Siente. Reflexiona. Despierta.

Una vida iluminada comienza en la mente: Tu mente es tu amiga, tu compañera de toda la vida, tu aliada. El presentador Ismael Cala escribe: “parte del éxito personal que creo haber alcanzado se debe a la elevación de mi umbral de merecimiento, que es el tope que establecemos para lo que valemos o creemos valer”.

Recobra tu naturaleza de poder: sólo la persona sabe que tiene potencial. Sólo a ella le pertenece la facultad llamada inteligencia y esto, es lo que intuitivamente le hace sentir si su vida está siendo o no lograda. Tienes una oportunidad para re-ajustar las conexiones neuronales de tu mente.  Hasta el último respiro puedes crear nuevas conexiones. La monja budista Pema Chodron escribe: “cada acto cuenta”. Cada pensamiento y emoción cuenta también. Este momento es todo lo que tú y yo tenemos. Este momento es el espacio de tu vida en el que puedes utilizar tu impelente y desafiante naturaleza. Puedes atreverte a recuperar tu trono. Nadie te lo impide, excepto tú y la perdida de la fe en ti mismo. Vamos, ya no te sigas haciendo daño. Saca de tu mente ese pensamiento de víctima, de ser pequeño y vuelve a comenzar y reconstruir tu vida. Ahí donde estás. La vida es corta. Respira. Siente. Reflexiona. Despierta.

Observar tu angustia, crisis y desesperanza, me ha invitado a recordar nuestra nuestra niñez, juventud y sueños. Somos hermanos. Nacimos en la misma familia. Conmocionada veo que inexorablemente todos hacemos con la oportunidad llamada vida, lo que nos dé la gana hacer. Que la mente se convierte en nuestra aliada o nuestra cárcel. Que la ignoracia de ser, nos lleva a desperdiciar cada momento. Al final, tú y yo podremos recitar o no el gran poema de Amado Nervo:

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,

porque nunca me diste ni esperanza fallida,

ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;

porque veo al final de mi rudo camino

que yo fui el arquitecto de mi propio destino;

que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,

fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:

cuando planté rosales, coseché siempre rosas.

…Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:

¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!

Hallé sin duda largas las noches de mis penas;

mas no me prometiste tan sólo noches buenas;

y en cambio tuve algunas santamente serenas…

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.

¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

desde el amor de hermana mayor,

Sheila



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