El laberinto

Una vez más la “bella”, conciencia superior que conecta al hombre con la iluminación, ve desde lo alto de la torre al bestial minotauro despedazar uno a uno todos sus pretendientes, pues no supieron salir airosos del abrazo contra la fiera.

Al igual que en las novelas de caballería, el caballero, la voluntad cabalgando el cuerpo físico, es derrotado una y otra vez.

Artículo tras artículo, a lo largo de los últimos seis meses, hemos venido trabajando la concientización de hábitos, rutinas y posturas ante la vida que,  sin darnos cuenta, nutrían a la bestia que nos hacía languidecer arrastrándonos en un drenaje constante de energía que nos aleja de nuestra meta: nuestra evolución.

El ser interno está concebido como esa “piedra filosofal” que relatan todas las historias de caballeros andantes o magos fantásticos que la rescatan en algún lugar lejano y peligroso después de haber derrotado con su espada o barita mágica, temibles bestias.

El ser interno está concebido como un ser perdido en un laberinto del que no puede escapar. El guerrero como un ser incompetente que no merece rescatarlo… ¡vaya concepción! Bastante cierto, solo que ni es incompetente ni está escondido ni en lugar lejano alguno.

La bestia, que es noble por naturaleza y en cuya esencia está la tan ansiada piedra filosofal, espíritu mente superior dotada de toda la sabiduría del Universo, quantum de energía sexual creativa que todo lo crea en manifiesto, quiere obedecer a la voluntad; sin embargo, los ruidos internos y las tentaciones que lo controlan son más fuertes llevándolo a profundos desencuentros con la mente superior sumiéndose en las oscuras y pantanosas aguas de la sombra.

Solo con la ayuda de la mente superior (bella) que mora desde la supraconsciencia podrá la voluntad (caballero o mago) vencer al minotauro convirtiéndolo en aliado…

…el misterio es cómo se establece esa conexión…

¿Podría ser que sí estamos ya verdaderamente despiertos, conscientes y responsables, preparados para resurgir en una continuidad de movimiento, presencia y comprensión?

Recuerda que en La Espiral del Yo estamos en un constante ir y venir de comienzo a fin y vuelve a comenzar elevándonos cada vez a niveles superiores.

Recuerda: cuánto más alto quieres llegar, más hondo y profundo hay que cavar.

El guerrero sabe que requiere de su total concentración y entrega  para reunir todas las capacidades espirituales que le permitan, no solo o tanto vencer, pero sí, no sucumbir a la desesperación, no sucumbir a la desolación, no sucumbir ante la desesperanza y el miedo.

Volvamos al principio, al segundo 0…

Sé absolutamente consciente de cada acto por pequeño que sea.

La suma de consciencia actuará como un poderoso acumulador de energía.

Como diría Don Juan de Castañeda:

“Que cada uno de tus actos sea como la última batalla sobre la tierra, sólo así tendrán verdadero poder y dejarán de ser los actos de un tímido”.



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