Cuentos de librería: el libro de Dalí

No recuerdo si fue un viernes, o es que busco días de la semana para tener un nombre que escribir, pero no era sábado. De eso estoy segura.
Estaba trabajando con mi compañera (y personaje favorito) en la mañana. Yo diría que eran alrededor de las 10 cuando él entró.

El muchacho, de piel morena y gorra negra al igual que su camisa, ya sabía cuál libro quería, lo pidió porque estaba muy alto para tomarlo él mismo. Yo, montada en la escalera, le bajé el libro de Dalí, grande y tapa dura.

Recuerdo haberle visto la sonrisa plena, la felicidad de que por fin el libro que quería estaba en sus manos y no sólo eso, sino que podía pagarlo y llevárselo. Hay libros que enamoran, no hay otra explicación. Eso pensaba yo del muchacho, que ahora, acababa de salir.

Aproximadamente una hora y media después, llegó otra joven. Una muchacha con ropa gris, cabello largo y un tanto alborotada. Entró con los buenos días y empezó a buscar un libro con la mirada, pared por pared, hasta que se dio por vencida y preguntó:
– Disculpa ¿y el libro de Dalí, grande, tapa dura que tenían allá arriba?
– Justo se lo acaban de llevar -le dije- y era el último que quedaba.

No sé cuantas veces se lamentó durante los 10 minutos que se quedó después de haberle dicho. Por alguna razón mi compañera no le pidió sus datos para mandarle un mensaje cuando el libro llegara nuevamente, es el proceso que solemos hacer en ese caso.

La muchacha se fue como esperando una próxima oportunidad, se despidió con los mismos buenos días que entró, quizás con menos euforia, y se fue.

Apenas la puerta se cerró, mi compañera me vio con cara de enamorada, ella normalmente es así, feliz, la verdad los días que trabajo sin ella no son igual. Pero esta vez se le notaba que tenía un cuento atrapado en la sonrisa.

«¿Recuerdas al muchacho que se llevó el libro?» -me dijo.

Y al responderle que sí, me contestó de nuevo.

«Es su novio. El libro es para ella».

Hace unas semanas la pareja fue a la librería y los atendió mi compañera. Yo no estaba, por eso no supe de la historia hasta ese momento.

¿Ahora entienden por qué la ficción no me importa tanto? Tengo cuentos de personas que no tienen idea de su protagonismo. Pasé como media hora imaginando la cara de sorpresa de ella cuando él le diera el regalo. Cuando se contaran, que de no haber sido por un par de horas, se hubieran encontrado accidentalmente en el mismo lugar.

Después de ese momento he querido creer que las historias de amor no sólo se viven en los libros, aparentemente también se ven en las librerías.



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