El Maracanazo: el trabajo en equipo que conquistó un Mundial de fútbol

“Trabajo en equipo es conocimiento organizado e inteligentemente dirigido”.

El 16 de julio, durante la final del Mundial de fútbol Brasil 1950, la selección carioca sufre una de las derrotas deportivas más grandes de su historia al perder 2×1 ante la selección de Uruguay. Aquel evento deportivo, conocido como el “Maracanazo”, fue la demostración de que un partido no se puede ganar antes de ser jugado y que en el fútbol, al igual que en la vida, las victorias se conquistan en la acción, no solo en la imaginación.

Brasil fue seleccionada como la sede del primer mundial posterior a la Segunda Guerra Mundial. Aquella noticia fue recibida por los brasileños con mucho entusiasmo e ilusión, lo que los llevó a construir el estadio más grande del mundo, el Maracaná en Río de Janeiro, con capacidad para 220 mil personas. Tal como se esperaba, en aquel mundial, en donde solo participaron 13 selecciones, Brasil clasificó a la final y fue acompañado por casi 175 mil personas en lo que se recuerda como la mayor asistencia a un partido de fútbol en la historia. Del otro lado estaban los uruguayos, con fama de practicar un gran fútbol y con la ventaja de haber sido campeones en la primera Copa del Mundo, Uruguay 1930, al derrotar en la final a Argentina 4 x 2 frente a 93 mil espectadores.

A pesar de que Brasil era ampliamente favorito, los Uruguayos salieron en aquel juego muy unidos y con la confianza de darlo todo sin complejos y con la esperanza de poder hacer al menos una gran final.

Cuenta la historia que, al momento de salir al campo, la bulla fue tan ensordecedora y atemorizante que el capitán uruguayo, Obdulio Varela, al ver los rostros de sus compañeros les dijo: “Muchachos, los de afuera son de palo”. Incluso, antes del partido, el técnico uruguayo exhortó a sus dirigidos a jugar defensivo con la idea de evitar una derrota humillante. No obstante, el mismo capitán, segundos antes del arranque de la final, les dijo a sus compañeros: “Nuestro entrenador Juanito es un buen hombre, pero ahora se equivoca. Si jugamos para defendernos nos sucederá lo mismo que a Suecia o España”. Los hombres de la escuadra uruguaya entendieron que jugar defensivamente contra el equipo brasileño traería como resultado una derrota por goleada.

Al final, los uruguayos lograron el milagro, silenciando a cientos de fanáticos brasileños y a todo un país que subestimó el poder del trabajo en equipo de los charrúas. La victoria fue avasallante.

Uruguay no contaba con las estrellas y el poderío mediático que para el momento sí poseía Brasil. Ellos sabían que la única posibilidad que tenían en aquella final era darlo todo, asumir cada uno su rol, ser solidarios y poner el “yo” al servicio del “nosotros”. Ellos sabían que no podían permitir fugas de energía como consecuencia de la falta de concentración. Los uruguayos, ese 16 de julio de 1950, tenían más claro que nunca que el trabajo en equipo es el combustible que hace posible que personas ordinarias logren cosas extraordinarias. Entendieron que su única posibilidad era tener la mejor de las actitudes y no perder de vista que el poder de conquista que juntos podían lograr no se compararía jamás con el alcance que individualmente pudieran tener.

Se comenzó a evidenciar, posterior al Maracanazo, que las selecciones que aspiraran ser campeonas del mundo en el torneo deportivo más importante del planeta tenían que trabajar en equipo y hacerse fuertes como colectivo, no solo como individuos.

64 años después el Mundial de fútbol regresa a Brasil y los favoritos a ganar la copa, más que por su historia e individualidades, son quienes ostentan más que un grupo: un equipo.

El fútbol es un deporte que descansa su éxito en la capacidad que tenga cada una de sus partes de desprenderse de los intereses individuales y apostar a una agenda colectiva, ya que los problemas en los equipos de trabajo comienzan cuando en lugar de ser útiles buscamos ser importantes. Es por ello que el desprendimiento es el alma de los equipos de trabajo.

Son muchos los equipos que han llegado con la etiqueta de favoritos por la cantidad de estrellas con las que cuentan, pero cuando llega la hora de trabajar y jugar como equipo se desmoronan. En cambio, termina quedando campeón otro equipo que, a pesar de tener la etiqueta de selección “sencilla”, se alza con la copa. ¿Por qué? Porque para ganar un Mundial de fútbol se necesita mucho más que jugadores brillantes, se necesitan jugadores con DESPRENDIMIENTO, SOLIDARIDAD, SACRIFICIO, TALENTO Y TRABAJO. Las mismas características y virtudes que necesitamos para convertir nuestras vidas, nuestras familias y empresas en campeones absolutos.

El 12 de junio arranca el Mundial Brasil 2014 y con él toda una fiesta universal. Aprovechemos esta celebración deportiva para entrelazar vínculos, para mejorar nuestra cohesión, para hacernos fuertes como equipo en aras de nuestros objetivos y nunca olvidar que la fórmula que trasciende cuando buscamos alcanzar nuestras metas es la de la ARMONÍA.



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