El miedo al vacío

En mi experiencia como terapeuta, durante todos estos años, he podido observar cómo nos asusta el vacío. Me explico un poco más, cuando nos quedamos sin trabajo, nos mudamos de ciudad, país o una pareja nos deja, o cuando en lenguaje coloquial decimos: “nos movieron el piso”, además de lidiar con el dolor o la tristeza, nos cuesta mucho encarar, vivir ese espacio donde no hay lo que había antes, ese vacío que se produce al perder lo que se tenía. Nos aterra ese momento y es tanto así que a veces nos lanzamos a agarrar otra cosa/persona para sustituir y llenar ese vacío.

Este artículo está inspirado en mis clientes y también en mi propia vida. Si algo me gusta poder transmitirles a mis clientes es la seguridad en el vacío, el aprendizaje que te deja el poder estar en ese espacio. Por experiencia propia sé, que cuando me permito quedarme allí y revisar por qué o para qué estoy viviendo esa experiencia, es precisamente ese momento el que me permite aclararme, tomar mejores decisiones y crecer como persona.

Con frecuencia le digo a mis clientes: «no lo veas como un vacío, considéralo más bien como la nada que existe justo antes de la creación». Esa nada es lo que se necesita para materializar aquello que realmente queremos, lo que está en nuestro corazón y merecemos, y que a veces saboteamos por ese miedo. Si tenemos la valentía de permanecer en ese vacío por un tiempo, podremos no solo aprender, sino enfocarnos en definir aquello que realmente queremos, para luego poder materializarlo.

Si todo lo expuesto anteriormente te toca y estás pasando por alguna vivencia parecida, entonces, hay algunos pasos que puedo sugerirte. Veámoslo con un ejemplo. Supongamos que recientemente tu pareja decidió romper la relación. Tienes un montón de emociones; permítete sentirlas, quédate el tiempo que necesitas en el duelo de la pérdida, vívelo. Pasa contigo mayor cantidad de tiempo y sé compasiva(o) con tus subidas y bajadas emocionales. Cuídate, dedicándote a aquellas actividades que te hacen relajar, sentir mejor, como una caminata, tal vez un baño largo, una visita a la playa, reconfórtate tú misma(o).

Poco a poco, en el tiempo perfecto, irás haciendo el cierre de esa relación. Ese tiempo te permitirá reflexionar sobre la experiencia, ¿qué hubieras hecho distinto?, sin culpa, es introspección, ¿qué debes cambiar en ti para tener un resultado distinto?, ¿qué repetirías?

Posteriormente, las emociones se han ido y hay más tranquilidad, sigue allí contigo, invierte tu tiempo en actividades que te hagan feliz, que te den disfrute, aprende a conocerte más.

Luego usa parte de tu tiempo para imaginar y definir cuál es la clase de relación que quieres, elaborando un perfil de la persona que quisieras fuera tu pareja y también de las actividades que quisieras compartir con esa relación. Siendo feliz tú misma(o) y enriqueciendo tu vida llegará un momento en el que se creará esa energía a partir de la cual te conectas con alguien que se parece a aquello que has estado deseando.

Ojalá estas palabras te sean útiles, que Dios te bendiga.

 



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