El miedo puede ser un verdadero maestro

Muchas veces creemos que todo está bien, que vamos en el sentido correcto. Nos dejamos llevar por nuestros anhelos y caprichos, por nuestros vacíos, que no son más que estructuras mentales creadas por el ego para mantenernos ciegos, para no ver más allá de nuestros ojos físicos, para no permitirnos ver realmente con los ojos del amor y el corazón.

El miedo es un sentimiento que dejamos de un lado y muchas veces no enfrentamos. ¿Miedo al miedo? Miedo a enfrentar, miedo al dolor, miedo a que nos hagan daño. Nos dejamos llevar por las emociones y sentimientos ligados a memorias de la infancia, de nuestro pasado o de otras vidas, que se registraron alguna vez y que se activan en nuestro cuerpo cuando revivimos o presenciamos una situación que podría representar una señal de alerta a volver a sentir el sufrimiento que una vez vivimos.

¿Es realmente el miedo el estado puro del ser? No. Por miedo dejamos de lado el amor, el inmenso amor que somos y que emanamos desde nuestro centro corazón y lo bloqueamos, dejándonos llevar por emociones contrarias al bienestar: odio, rabia, tristeza, resentimiento. Todo esto nos puede llevar a una enfermedad. Ver el miedo a los ojos, enfrentarlo, aceptarlo, integrarlo y superarlo como un maestro, como un mejor amigo, es la mejor opción.

Cuando nos dejamos llevar por nuestro ego, por nuestra lógica, por nuestra mente, y dejamos a un lado nuestra intuición, nuestro ser interno y al susurro de nuestro corazón, dejamos de percibir la felicidad, esa que está dentro de nosotros, esa alegría que proviene del Padre-Madre Dios Creador, esa que proviene de la chispa divina, del universo o como le quieras llamar. Caemos en una lucha interna, perdiendo el foco y dispersando nuestra energía, en vez de centrarla en lo que realmente queremos lograr.

Soltar duele, porque deseamos llenar un vacío interno a través de permanecer atados a situaciones, personas o cosas, pero no hay mayor libertad que la del espíritu, no hay mayor libertad que liberarse a sí mismo. Así que hoy duele, pero aunque creas que es imposible, créeme que soltar te dará la paz interna que necesitas para seguir, para cerrar una puerta y para que se abran mil que tal vez ya están abiertas, pero no te permites ver. Duele dejar ir, sí, pero no hay mayor satisfacción que dejarse guiar por la voluntad de Dios, de tus guías y de tu Yo Superior, que desean lo mejor para ti, que desean que seas feliz.



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