El miedo y sus trampas

El miedo es una emoción debilitadora. Es el interés pagado por adelantado por una deuda que puede que nunca debamos”. John Maxwell.

He trabajado con gente que cree que nunca está lista para enfrentar grandes desafíos, y la verdad es que si lo está, solo que tiene miedo de asumirlo. El miedo irracional, además de destruir y paralizar, busca confundir. El miedo en definitiva es astuto, muy hábil, demasiado sagaz, en ocasiones nos seduce con la idea de la comodidad. Nos presenta atajos haciéndonos creer que eso que estamos haciendo será suficiente, pero lo que en verdad sucede es que nos escondemos de nosotros mismos, porque muy en el fondo tenemos miedo de pagar el precio por eso que realmente anhelamos. Como decía Shakespeare: “No es digno del panal de miel aquel que evita la colmena porque las abejas tienen aguijones”.

En una oportunidad un amigo me llama por teléfono y me dice:

─José Jacinto, soy candidato a ocupar el puesto de gerente general en una empresa muy reconocida. Me acaba de llamar el dueño y me lo ha comunicado. ¿Qué  opinas? ─me preguntó algo inquieto.

─Hace tiempo te pasó algo similar y te dije que lo asumieras, que tú ya estabas listo ─le recordé.

─¿En verdad lo crees? Tengo mis dudas, me falta todavía prepararme más para poder asumir un cargo como ese.

─Si se toman la molestia de llamarte y planteártelo es porque consideran que tienes el perfil. ¿No crees? ─argumenté─. Además tienes ya mucha experiencia y éxito en tus anteriores trabajos. Adelante. Asume ese reto.

─Si, claro fue su tímida respuesta─. Entonces voy a asumirlo.

Días después ese amigo vuelve a llamarme y me cuenta que han escogido a otra persona para el puesto.

─¿Qué piensas que ocurrió? ─le pregunté.

Su respuesta me impactó:

─Días después que hablé contigo, el dueño de la empresa me llamó por segunda vez y me hizo una pregunta muy simple: ¿estás dispuesto a tomar las riendas de esta empresa? Y yo le respondí: bueno, yo me siento capaz, pero recuerde que yo soy muy joven (40 años), que yo todavía amerito de formación, pero cuente conmigo. Sin embargo, debo confesarte que mi respuesta fue desde el miedo que sentía por aquel reto. Mi respuesta no fue desde la certeza y confianza. Luego ─continuó─, cuando me enteré de a quien eligieron, me di cuenta de que fui yo mismo quien se saboteó, porque esa persona que hoy ocupa ese cargo en esa prestigiosa empresa lo logró, no porque me superase profesionalmente sino porque tuvo mayor determinación y coraje a la hora de responder la misma pregunta que me hicieron a mí.

Mi amigo finalizó su relato con mucha frustración.

El miedo y sus trampas.

─Precisamente esa es una de las especialidades del miedo ─le dije─, disfrazarse de prudencia y así entramparnos.

Mi amigo, buscando huirle al temor que le generaba asumir semejante reto, trató de consolarse diciéndose que tal vez lo más prudente era no asumir ese desafió por “x” o por “y” circunstancia. El no iba a reconocer abiertamente que estaba muerto del miedo. Preferiblemente, y para su consuelo interno, se diría que lo mejor venía en camino y como dice el refrán: “lo que es del cura va pa’ la iglesia”. No obstante, su capacidad de pensar sobre lo que piensa le permitió concluir que en la vida se debe ser más determinado y creyente de sí mismo. Que cada vez que decimos que “no” a cualquier oportunidad alguien más está dispuesto a decir que “sí”.

Finalizo con la siguiente frase del gerente de boxeo Cus D’ Amato: “El héroe y el cobarde sienten exactamente el mismo temor, sólo que el héroe confronta su temor y lo convierte en fuego”. Y yo a esto le agrego: Lo convierte en algo positivo para ayudarnos a llegar más lejos en la vida”.



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