El monstruo debajo de la cama

Las enseñanzas más profundas y eficaces son, algunas veces, aquellas adquiridas tras devastadoras tormentas y desgarradoras pérdidas.

Lo demuestra el clásico refrán que citamos con cara de conforme desolación pero gesto convencido: “no se sabe lo que se tiene hasta que se pierde”. Es así.

No todas ellas sirven realmente para calar hondo y obrar la transformación si no valoramos.

Simplemente, pasado el gran susto, ya confiados en que lo peor pasó sin graves consecuencias, reaparece el comportamiento habitual. Hasta un día, en que damos todo por perdido y en caída libre atravesamos el duelo entre la razón y el desasosiego que encuentra en los malos hábitos, porque somos permisivos, los recursos para atravesar el tremendo dolor.

Pasado un período de destrucción, para recuperarnos, nos asimos de clásicos tales como: “lo hecho, hecho está “, “él/ella/aquello se lo pierde”, “yo valgo más que eso”, etc. para salir a flote de la pena y alcanzar, por fin, el arrebato de fortaleza necesarios para alzar el mentón y mirar al frente con conmovedora determinación y continuar el viaje de nuestra historia personal, ahora un poco maltrecha pero completa; y, en un falso orgullo y mal comprendida auto estima, fijar la mirada en un horizonte donde todo estará bien y será mejor, porque: “no hay mal que por bien no venga”, dando por zanjado un asunto que continuará en el vaivén del columpio emocional de los dime y diretes entre lo que pasó y lo que será. Pero resulta que a la vuelta de alguna esquina, en la danza de La Espiral Del Yo nos tropezamos, con horror, con la misma piedra.

Observa. Pregúntate. ¡Reflexiona!

¿Has calibrado realmente lo ocurrido y sus consecuencias?

¿Eres permisivo o te responsabilizas?

¿Cuáles valores te sustentan?

Junto con la permisividad, leer el artículo anterior: Wendy busca a Peter Pan, el valor de las cosas viene a constituir uno de los grandes pilares de la autoestima y la propia valía.

Muy pocos tienen el “valor” de “permitirse” navegar dentro de sus lágrimas y mirar a través de su transparencia, la verdad.

El-monstruo-debajo-de-la-cama¡Qué conveniente y sencillo resulta el tan ansiado desapego emocional y físico cuando las cosas salen mal y queremos dejarlas atrás para tener otra oportunidad! Siempre la tendrás. Pero dónde, ¿en el mañana por venir? Y el “ahora”, ¿en dónde está? … ¿a dónde va?…

Lo que sucedió sí importa, pero ya pasó. Lo innecesario es machacarlo hundiéndonos en el remordimiento y la culpa. Pasar página y dejarlo en el olvido es un desperdicio y un autoengaño de consecuencias incalculables pues la energía de lo ocurrido no se aquieta ni silencia ni se va. Quedará allí por siempre. En tu valorización dependerá si en pena o en paz y gloria.

Lo realmente valioso es observar y tomar lo que nos nutre hoy en un presente colmado de presencia para continuar haciéndolo diferente, pasito a pasito, cada vez un poco más… entonces no habrá nada que olvidar ni recordar. Estará allí como parte de tu historia.

El que bajo el sol camina, un día se topará con su sombra…



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