El paraíso existe y queda en Venezuela

La forma en que decidí titular esta nota, debo reconocer que suena un poco arrogante. Soy venezolano y a simple vista, cualquiera pensaría que es puro amor al país. Pero debo aclarar que, no he llegado a esta conclusión pura pasión tricolor. Paso a explicarles.

Después de recorrer algunas ciudades capitales latinoamericanas y varios de los destinos más llamativos de Europa, me cansé del cemento y decidí emprender un viaje interno. No me refiero a la meditación, me refiero a una necesidad de conocer más a Venezuela, ese país que me vio nacer en la ciudad de Caracas.

Crecí escuchando que vivía en el mejor país del mundo, porque tenemos el Salto Ángel, Los Roques, Los Médanos de Coro, Choroní y pare usted de contar. Decidí comprobar personalmente si esto era cierto y ahora les puedo contar cómo fue:

Los Roques

El primer impacto, es cuando sabes que el avión va a aterrizar. Basta asomarse a la ventana para entender, que estás llegando lo más cercano al Paraíso que jamás hayas visto. La vista ofrece una mezcla particular entre azules y verdes que tu retina no va a poder creer.

El Archipiélago de Los Roques está compuesto por una serie de islas y cayos, a unos 176 kilómetros de la ciudad de Caracas. Es considerado el parque marino más grande de América Latina. Algunos de sus habitantes, inmigrantes de islas cercanas como Aruba y Curazao, bautizaron los cayos con nombres como: Madrisqui, Francisquí y Krasquí. Conocí los dos primeros, así como Cayo de Agua, que es el último en dirección oeste.

El impacto es increíble, el azul-verdoso-cristalino de sus aguas, sus arenas blancas, las aves impasibles y otras actividades como la posibilidad de conocer y adoptar una tortuga marina y colaborar con que no se sigan extinguiendo, hicieron de Los Roques mi puerta de entrada al paraíso, desde Venezuela.

Datos adicionales: Viajé con mis amigos de Recreación del Ser (www.recreaciondelser.com)  y me quedé en la posada Macanao Lodge, excelentemente ubicada y con el mejor servicio.

El Salto Ángel

CanaimaEmprendí este viaje con la expectativa de llegar a un solo lugar: La caída de agua más alta del mundo. Sabía que me impactaría, sabía que sería una experiencia inolvidable. Pero nada de lo que imaginé le hizo justicia a lo que realmente viví.

La experiencia de entrar en la selva y saber que te encuentras en un lugar del mundo donde los carros no llegan, no es apta para cardíacos. Viajamos por carretera a Ciudad Bolivar y tomamos un avión a Canaima. Solo cuando estábamos en el aire, pudimos ilustrar lo que significaba la experiencia y el privilegio de conocer este trozo del planeta donde parece que la “civilización” y vida moderna, no han llegado.

Conocí lagunas increíbles, color naranja, negro y azul intenso; caídas de agua impresionantes, no por ser las más altas pero sí por su majestuosidad, como Salto El Sapo y Salto El Hacha. Pudimos sobrevolar, pero decidimos irnos en curiara y llegar agotados después de 4 horas navegando al destino del principio y el final. Cuando llegas la vida parece haberte dado una lección: todo lo bueno, se hace esperar.

Datos adicionales: Viajé con mis amigos de Turistukeando (www.turistukeando.com) y me quedé en el campamento Wey Tepuy, una alternativa cerca de todo, con precios inmejorables.

¿Estás buscando un destino inspirador? Te aconsejo que vengas al  paraíso.



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