El pen drive que camina o la necesidad de reinventarse

Hoy tuve una dosis de Inspirulina y quise compartir esto con toda la comunidad.

Martes de carnaval, el sol apenas se asoma entre la maltratada ciudad de Caracas. Viendo el amanecer recuerdo que hace un par de meses no he podido escribir, reflexiono sobre las causas que impiden organizarme y así dejar espacio para la redacción de algunas reflexiones.

Normalmente soy metódico, podría decir que a ratos compulsivamente metódico. No obstante, en medio de un proceso interno de cambios tuve que dejar el afán por controlar todo de lado.

En medio de esta crisis a mi pen drive le provocó irse a conocer el mundo en diciembre del año pasado. Supongo que estaba cansado de andar de aquí para allá entre mis cosas, sirviendo de archivo portátil. Relegado a un segundo plano, poco valorado en su noble misión de salvaguardar documentos, hojas de cálculo, música e imágenes. Quizás una palabra de agradecimiento hubiese disminuido su pena. ¿Dónde está el condenado dispositivo? Era lo único que expresaba en situaciones de agobio, que poco te valoré.

Tal como ocurre en algunas relaciones de pareja, pensé que jamás me abandonaría. Ante la recomendación harto conocido de respaldar la información no saqué tiempo para llevarla a cabo. A una memoria externa como al amor hay que respaldarla constantemente.

En otro momento hubiese pasado las navidades amargado por el descuido. A pesar del guayabo como consecuencia de las horas invertidas en alimentar la unidad de almacenamiento, tuve que encargarme del quiebre.

Apliqué aquello de “Si amas algo, déjalo libre. Si regresa, siempre fue tuyo. De lo contrario, nunca lo fue”. Hasta la fecha “nunca lo fue”, la solución que conseguí fue verlo desde la perspectiva de que necesitaba reinventarme.

Quizás pueda cambiar mi observación sobre la forma en que vengo haciendo las cosas. Evaluar, reflexionar sobre el dinamismo de la existencia. Rehacer formatos en la hoja de cálculo o patrones de conducta, reescribir documentos o cambiar miradas, tomar de nuevo las fotos o sonreír más, grabar de nuevo la música o dejarme llevar mejor por los ritmos de esto que algunos llaman vida.

Sobrevivo a la pérdida, no ha sido fácil pero voy bien. Lo más fastidioso es tener que transcribir de nuevo pero toca. En el fondo de mi alma espero que se trate sólo de que el pen drive necesitaba distancia y tiempo para sanar las heridas. Aprendí la lección, la próxima vez tendré la precaución de respaldar periódicamente la información (lo sé perfectamente, dejen de repetir: ¿tenías copia de los archivos?).

¿Será que nos damos una segunda oportunidad? No supe valorarte pero me cuesta mucho vivir sin ti. En especial cuando me piden algo para “ayer” y no lo consigo porque lo tienes tú.



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