El perdón

El perdón

Menuda tarea la que me he planteado hoy al decidir hablarles del perdón. He pasado los últimos nueve años de mi vida estudiando un curso de milagros. Al principio tuve que parar, todo era confuso y golpeaba incesantemente contra mis creencias de justicia, respeto, igualdad, psicología, cosmogonía, familia, hijos, amores, y pare de contar; golpeaba contra todo aquello que me construyó. Luego, al cabo de seis meses retomé, pero volví a parar. Fue hasta hace tres años que tomé con responsabilidad, al menos, plantearme la comprensión del perdón. Todos tenemos momentos duros, estos me motivaron a ir más allá de todo lo que está establecido. En realidad, es lo que me mueve desde que soy muy niña, preguntas como: ¿para qué estoy aquí?, o ¿esto es todo? Usted dirá: bueno esas son las preguntas del millón, todos en algún momento nos hacemos esas preguntas. Y sí, es cierto, solo que esta servidora se sumerge en movimientos tan profundos de comprensión, que mientras mis amiguitos corrían, yo observaba cómo lo hacían, cómo reían y hacían su felicidad momentánea. Les parecerá extraño, pero yo me divertía tan solo de verlos. Abrazo desde el día uno de mi llegada la idea del cambio constante; la idea de no tener que caer en conflictos con otros; la idea de verdadera paz.

¿En qué estamos entrando cuando hablamos del perdón? Bien, nos han enseñado a decir “te perdono” cuando creemos que nos han dañado. Incluso, nos han transmitido un poco de culpa al no sentir como verdaderas estas palabras. La realidad es que el perdón no va por allí, la frase correcta es “me perdono”. ¿Por qué? Partiendo del concepto de unidad, donde todos somos uno y debemos volver a la fuente creadora, si soy otro tú, entonces, te estoy utilizando para hacerme daño, para sabotear todo aquello que deseo y este es el aprendizaje más difícil de instalar en nuestra conciencia, ya que el ego nos hace derribar todo aquello que lo amenaza. Dicho esto, vemos la importancia que tiene perdonarse, ser inocentes al punto de creer que somos perfectos y que los otros no lo son, es un acto ególatra. Los tres aprendizajes más importantes son:

El ego, te hace creer que existes separado de todo.

El perdón es hacia ti mismo, con humildad y aceptación, entendiendo que utilizas a otros desde el inconsciente para recibir lecciones.

Nada existe, solo es tu experiencia de separación la que te obliga a juzgar para mantener vivo al ego.

Estas líneas son más que un artículo de lectura, son una invitación a la introspección profunda, a mirarnos con compasión para dejar entrar esta sabiduría que no es mía, es de todos, y está dispuesta para quien sea tan valiente que se atreva a mirar distinto.



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