El Perdón y el Marketing

Los mercadólogos o marketers son humanos, aunque a veces no lo parezcan. Al hacer esta afirmación, pienso en quiénes han sido responsables de coordinar campañas publicitarias y otros esfuerzos de marketing para llevar al mercado productos dañinos para la sociedad, como la comida chatarra y los cigarrillos, por solo mencionar algunos.

No tengo duda de que estas acciones vienen dadas por la falta de un propósito más valioso que simplemente acaparar participación del mercado o incrementar ventas –lo cual no está mal y es bastante humano-. Me atreveré aquí a ofrecer una alternativa: generar productos no solo trascendentales, sino también beneficiosos para la humanidad, lo cual puede ser tan o más rentable.

Sin embargo, y como cualquier humano, los mercadólogos y hasta las empresas que representan pueden sinceramente llegar a sentirse mal por lo que hacen o el impacto que han tenido en la sociedad. Lamentablemente hace falta a veces un gran golpe para darse cuenta cuando las cosas no se están haciendo bien (o tan bien como se quisiera). Cuando la compañía es grande el golpe afecta a muchos. Pero también cuando se resarce con un acto de interés genuino en la humanidad, es también para el beneficio de muchos.

Tal es el caso de Dupont, una compañía de más de 200 años en el mercado. No solo es una trasnacional líder en rentabilidad y demás indicadores relativos a medir el éxito corporativo, sino una verdadera innovadora de productos como la Lycra y el Kevlar, por mencionar algunos. La innovación puede ser algo maravilloso y necesario, pero también puede ser nociva si carece de un propósito noble. Dupont, de hecho, empezó su negocio con la pólvora como su producto base.

Dupont como “innovador” y probablemente por falta de un propósito a la altura de su influencia en el mundo, hace décadas fue responsable de uno de los subproductos que ha sido más dañinos para el planeta: el CFC o Fluorocarbonato, el cual ha sido responsable del deterioro de la capa de ozono. Luego de mucho debate político y global (en la era previa a la globalización como la conocemos hoy), rápidamente Dupont retiró y dejó de producir CFC. El impacto de aquel movimiento fue tal que aún en las latas de aerosoles vemos el ícono que indica que dicha lata no contiene el producto o daña la capa de ozono.

Dupont pasó de ese episodio en el que fue una de las empresas con el peor desempeño ecológico (25% del CFC mundial lo producía Dupont) a ser una de las empresas no solo con uno de los mejores récords ecológicos (disminución de su huella de C02  en un 65%, a la vez que incrementaba su producción en un 30%), sino que ahora fabrica productos que no son nocivos para el ambiente y están concebidos para el logro de metas dignas para la humanidad, como lo define su enfoque conceptual.

Alimentar el Mundo, construir un Futuro Energético Seguro libre de la dependencia del petróleo Y Proteger la Vida de las personas.  Estas no son promesas vacías ya que ellos incorporan y desarrollan tecnologías para llegar a este nuevo propósito con sentido común y comercial. Sus productos hoy en día mejoran cosechas, hacen realmente asequible la energía solar y sus fibras protegen bomberos y todos los profesionales que nos protegen en situaciones de emergencia.

Con respecto al punto del perdón y su importancia, la junta directiva y líderes de esta empresa reconocieron, tomaron acciones, y construyen en base a las acciones determinadas por un nuevo propósito trascendental. De forma muy similar a como una persona se da cuenta del daño que ha causado con sus errores y debe pedir perdón, no solo con palabras sino con hechos; y debe perdonarse a sí mismo y entender que haber fallado sirve como momento de reflexión, como un impulso para ir más allá de la lamentación, reinventarse y resarcir a los demás, no con la mirada al suelo por vergüenza, sino más bien con la mirada al frente con el compromiso de hacerlo mejor por y para todos.



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