El placer de madurar

Ciertas personas consideran que la verdadera adultez se consigue cuando logramos la estabilidad económica y la practicidad diaria. Sería algo así como ese momento en que despertamos a las 6am, nos duchamos, preparamos café instantáneo y salimos a la calle a hacer dinero.

Madurez, rutina, adultez o vida. Llámenlo como quieran, pero a mí eso no me convence.

Sentada aquí, sintiendo un poco de frío recuerdo una frase de Sábato que ha retumbado algunos días en mi cabeza:

«La dignidad de la vida humana no estaba prevista en el plan de globalización».

Y es que, ¿cuándo entendimos que la vida del adulto moderno debía ser un sufrimiento constante? ¿En qué momento se acabaron los minutos para mirar a nuestro alrededor y disfrutar del presente?

Vivimos en una constante generación de ingresos y bienes para disfrutarlos en ningún momento preciso. Parece que sólo estamos enfocados en el proceso de hacerlo más que el placer que se supone que producen. Ahorramos, invertimos, cortamos gastos, vendemos y nos concentramos tanto en el ámbito de generar un capital que olvidamos a quienes nos quieren. A quienes ningún dinero nos podrá devolver en el futuro.

Podremos disfrutar nuestra vejez en un castillo lleno de lujos, pero estaremos solos.

La mayoría somos hijos de padres que quisimos haber disfrutado más. En lo personal, agradezco a mi padre todo el esfuerzo que hizo por tantos años, pero admito que me frustra el momento en que exprimo mi memoria en busca de recuerdos y encuentro que ninguno es con él. Hoy, siendo yo adulta, toca generar todo lo que nunca se generó. Y siendo de las que se niega a repetir errores, busco el momento para conversar aunque sea 5 minutos. Sé que en el futuro lo agradeceré.

Mirando los árboles que lentamente comienzan a perder sus hojas y anuncian una nueva estación comprendo que la madurez se basa en esto. La madurez es poder detener la vida un segundo y observar como el clima está cambiando. Entender que el tiempo ha pasado y no dejará de pasar. Ir al trabajo y llamarlo a él en el camino a casa para conversar sobre su día, llegar a casa a preparar una buena comida y compartir el tiempo con los demás.

Ser adulto es justamente lograr un balance entre lo que necesitamos y lo que disfrutamos. Trabajamos y producimos, pero somos capaces de separar nuestra ambición para el futuro de nuestra realidad en el presente.

Nuestra dignidad humana está relacionada con el poder de disfrutar del presente y merece, por ende, ser disfrutada con quienes amamos.

Love, R.



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