El poder de la intuición

El poder de la intuición

«Vivid no de acuerdo con los ideales recibidos, sino con vuestras aspiraciones, con vuestra intuición más vehemente».

Antonio Gala

Todos hemos experimentado la intuición, esa corazonada o certeza repentina que nos habla al oído cuando nos enfrentamos a una encrucijada y que, apoyándose en su autoridad absoluta, nos dice: «Por ahí». Creo en las intuiciones, las hago mías y me muestro ante ellas como un siervo bueno y fiel.

Kant, el filósofo, decía que la intuición sin razón es ciega, porque no es posible desligar las intuiciones de nuestras experiencias y meditaciones previas. Creo que las intuiciones son condensaciones luminosas, una suerte de relámpagos que de pronto nos alertan en la noche más oscura, precisamente cuando estamos a punto de dar un paso hacia el foso. Cualquiera que haya practicado algún deporte entenderá de lo que hablo. La repetición, la práctica y la experiencia acumulada hacen que el jugador tome decisiones en milésimas de segundo y que en muchas ocasiones lo haga correctamente, sin que medie una reflexión detenida, ni mucho menos.

Está ahí, de cara a una decisión que debe tomarse a la velocidad del relámpago y lo hace, y lo hace bien.

Por todo esto creo que no podemos echar en saco roto lo que esa «vocecilla interior» nos dice. En ocasiones incluso no es siquiera una voz, es una certeza profunda que se vive con todo el cuerpo y que no puede refutarse de modo alguno. Quiero pedirte ahora algo: piensa en las decisiones más importantes que has tomado hasta este momento; estoy seguro que tuviste que meditar mucho antes de tomarlas, pero también creo que cuando llegó ese momento de «dar el salto» (o no darlo), lo que pesó más fue ese «algo más» que no puede definirse pero que se parece mucho a la verdad.

No debemos confundir, sin embargo, la intuición con el disparate. La intuición sólo se manifiesta con claridad en quienes están abiertos a su presencia. Todos podemos entrenarnos para vivir con mayor intensidad el poder de nuestra intuición; me atrevo a recomendar lo siguiente:

  1. Aprende a estar en silencio. Escucha tus pensamientos sin preocuparte mucho por lo que dicen. Atiende lo que te estás diciendo a ti mismo constantemente.
  2. Sé honesto contigo respecto a lo que piensas, sientes y deseas. No trates de engañarte porque sientas que aquello que expresas no va de acuerdo con la opinión de las mayorías.
  3. Entiende que eres persona y tu naturaleza es holística. Sientes, piensas, deseas, proyectas. Tienes más de cinco sentidos y tu capacidad de interpretar es mayor que tus posibilidades de traducir tu experiencia del mundo en palabras -siempre limitadas.

Tres puntos muy simples que a mí me han servido y que seguro pueden ser un buen punto de partida para tus propias reflexiones en torno al apasionante tema de las intuiciones.

Intentar racionalizarlo todo, además de una pérdida de tiempo, es una pesadez, un acto de petulancia que provoca más bostezos que aplausos. Nuestra supervivencia y nuestra felicidad, estoy seguro de ello -sin poder probarlo, por supuesto-, debe mucho más a los impulsos de las intuiciones que a las interminables cavilaciones de los que se dicen sabios.

Te mando un abrazo. Nos vemos en la próxima ocasión, si Dios quiere.



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