El poder sanador de la oración ¿existe?

Por siglos se han documentado curaciones milagrosas que desafían los diagnósticos médicos. Sanaciones repentinas y sin explicación racional que se atribuyen al poder de la oración. ¿Es cierto que rezar ayuda a enfrentar la enfermedad? En los últimos años han surgido estudios que intentan responder a esta pregunta, y los resultados señalan que algo ocurre. ¿Qué exactamente? Nadie puede asegurarlo.

En primera instancia se ha comprobado que la oración tiene un efecto positivo en la mente. Algunas disciplinas científicas como la neuroteología estudian la relación entre el cerebro y la experiencia religiosa. Uno de sus padres de la neuroteología es el Dr.  Herbert Brenson, cardiólogo de la Universidad de Harvard, quien se enfocó en el papel del sistema nervioso en el proceso de la enfermedad humana. Estudiando a meditadores expertos, el Dr. Brenson descubrió que la meditación con mantras ayuda a relejar el sistema nervioso y mejorar la salud del corazón. Y fue más allá: aseguró que la práctica de la meditación como una forma de oración era más beneficiosa que si se realizaba como una práctica agnóstica y de mejoría física.

¿Por qué?  Según Brenson una mente más relajada puede conducir a una mejor relación con el cuerpo, y por ende, a una mejor respuesta inmunológica. Y si esa mente viene con un componente de fe en una entidad o ser superior, tendrá mayor fortaleza para enfrentar las enfermedades

¿Pero es esto real? Acá es donde vienen las distintas opiniones.

Harold Koening es profesor de medicina y psiquiatría en la Universidad de Duke, además de co autor del libro “El manual de la Religión y la Salud”. Allí documenta 1.200 estudios que comprueban el vínculo entre espiritualidad, y sobre todo la religión, con una vida más sana. Allí dice por ejemplo que:

Pacientes hospitalizados que nunca van a la iglesia permanecen recluidos en promedio tres días más que aquellos que si acuden a un templo.

Pacientes con problemas cardíacos tienen 14% más de probabilidades de morir después de una operación si no practican una religión.

En Israel las personas religiosas tienen una tasa 40% menor de enfermedades cardiovasculares y cáncer.

Para Koening las personas religiosas tienen un soporte espiritual y una visión de mundo que les ayuda a lidiar con las circunstancias de la vida, incluyendo las enfermedades. Esa es su fortaleza.

Estadísticas circunstanciales, dirá el escéptico. Y es parcialmente cierto: no se ha encontrado un vínculo directo entre la religión y la curación del cuerpo.

Una relación posible tiene que ver con el estilo de vida: las personas más religiosas suelen controlar la bebida, tabaco, drogas o excesos. Una vida sana significa que el cuerpo reacciona mejor ante la enfermedad.

Pero ¿es posible decir que Dios escucha sus plegarias en momentos de enfermedad?

Esa respuesta escapa al ámbito de la ciencia. Lo que se ha podido demostrar es que el cerebro si escucha esas oraciones o meditaciones y responde de acuerdo a su intensidad.

Los estudios de resonancia magnética han demostrado que el cerebro experimenta cambios durante momentos de intensa concentración, como al rezar. Andrew Newberg, neurocientífico en la Universidad de Pennsylvania, ha registrado la actividad cerebral de pastores y sacerdotes al momento de la oración para demostrar estos cambios. Algo similar a lo que hizo Herbert Brenson en Harvard con los meditadores expertos. El resultado es que ese ejercicio de oración tuvo su efecto positivo en los indicadores de salud de la persona. Newberg piensa que mientras más te enfocas en algo, sea un juego de fútbol o en Dios, el objeto de concentración se transforma en tu realidad y se registra en tus conexiones neuronales. Y esto tiene un poder curativo.

¿Es entonces el cerebro el que realiza la sanación?

Para el agnóstico esta es una respuesta posible. Para la persona de fe en alguna religión la respuesta debe llegar hasta Dios. Y entre médicos y terapeutas es cada vez más común considerar la oración y meditación como una herramienta beneficiosas para el paciente. La advertencia que suelen hacer es que una quimioterapia, por ejemplo, es más efectiva que un círculo de oración.

Cada año se dedican más esfuerzos a entender los efectos de la religiosidad en el cuerpo y la mente. Si piensas que en realidad ambos están interrelacionados, y en realidad son uno, quizás te será más fácil creer que es posible ayudar al cuerpo si la mente está enfocada en un esfuerzo curativo.

Pero eso deja abierta la pregunta ¿quién es finalmente quien hace el milagro?

Si te animas a responder, déjanos tus comentarios.

 



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