El precio que pagamos

Sé que muchos negarán esta posibilidad, años atrás yo habría sido una de tantas, no obstante, con tan sólo un pequeño espacio de duda, podemos revisarnos y en lo sucesivo, estar más atentos a nuestros pensamientos para poder ser conscientes del asunto.

Y es que me estoy refiriendo a que el precio que pagamos mientras experimentamos como humanos, lo ha planeado nuestra mente, y por lo tanto, de alguna manera, lo hemos pactado con nosotros mismos, ese pacto lo hacemos con miedo, por miedo y para sostenernos en el miedo al que se nos ha programado y es el que a diario sufrimos.

En ocasiones tendremos la ilusión de que ese precio, se trata exclusivamente de dinero, en otras, podemos descubrir que esto tan solo es una parte de un gran todo, y es que el precio, el verdadero precio, finalmente es la No resolución de aquello por lo que No nos hicimos responsables alguna vez, trayéndonos sensaciones de culpas y resentimientos con nosotros mismos, más aún, si nos quedamos con la creencia de que siempre fue el dinero el problema real, sin la comprensión de que había mucho más contenido para revisar y lecciones que aprender.

Es tarea darnos cuenta que cotidianamente batallamos con nosotros mismos, con nuestros hijos, parejas y otros, incluso nos sorprendería darnos cuenta que no solo con personas, también con cosas y hasta con los alimentos. El caso es, que para cada evento, para cada situación o circunstancia el cómo reaccionamos a ello, determina en gran medida el precio que pagamos.

Vayamos al caso más generalizado, donde la creencia es que todo se resuelve con dinero, pero el dinero nos duele, y cómo no nos va a doler? Si es que hasta para ganarlo, aprendemos que es resultado de “lucha”, de “trabajo”, de un gran “esfuerzo”, hasta de “sacrificios”. Evaluemos el peso de cada palabra y les invito a que continúen la lista con lo que recuerdes que aprendiste a decir, o más bien, a repetir de otros, tanto para ganártelo como para gastártelo, revisemos las creencias limitantes, aquello que pensamos si lo tenemos como si no lo tenemos y hasta el camino más fácil de obtenerlo.

Vayamos a un caso más específico, donde la creencia es que las soluciones pueden ocurrir desde el milagro de una actitud, por ejemplo, la del perdón, aunque para muchos sea inusual, no se trata de pensarlo para decepcionarnos y validar que ya nadie lo practica, es pensarlo y creerlo con la convicción de que si es posible, porque existe en ti de manera real, y eso que ves en ti lo proyectarás en tu exterior, perdonas y ves en otros la misma capacidad de perdonar, no en todos los casos será de manera consciente, pero ocurrirá.

El universo es tan perfecto y el campo electromagnético de cada una de las personas que lo habitamos, lo es también, por ello, las leyes que rigen la naturaleza, igualmente perfectas, se encargarán de ordenar los personajes involucrados para que cada cual, apoyándonos unos con otros como grandes instrumentos, confirmemos nuestras creencias, en ocasiones ni siquiera encontrándonos conscientes de ello, creemos que es un asunto de azar, y por ello, es raro que vayamos a lo profundo, como lo es, hacernos responsables de aquella lección que nos trae cada situación para nuestra evolución y aprendizaje.

En fin, todo duele, eso es lo que aprendimos, eso es lo que enseñamos, aunque es una simple programación que recibimos y que podemos cambiar, dar el paso toma tiempo, es todo un proceso lograr sintonizarnos con el amor y resetearnos por completo del miedo.

Podríamos comenzar  por comprender que ante cualquier situación que se nos presente, estaremos reaccionando según nuestras memorias, nuestros miedos, nuestras creencias, lo que se teje es una historia individual que depende exclusivamente del Observador y su capacidad de respuesta y adaptación.

Hay un precio si nuestra postura es cien por ciento material y hay otro precio si nuestra postura se inclina por la profunda enseñanza a nivel personal y espiritual. Hay otro precio cuando se dosifica un tanto de ambas, siempre habrá un precio que pagar no necesariamente “dinero” y es que las sintomatologías reflejadas en nuestros cuerpos, desde un simple catarro, hasta aquella enfermedad considerada mortal, llegan a nuestra vida como intercambio de nuestros propios patrones mentales y es un precio que inconscientemente pactamos con nosotros mismos y que proviene de nuestros profundos temores.

Hacernos responsables lo asociamos mecánicamente con el dinero que creemos implicado en variadas situaciones, pero hacernos responsables según mi experiencia, es ser transparentes con nosotros mismos, conocernos, dominarnos, volver a la inocencia, al amor incondicional que somos y comprender que nuestra relación con el dinero se sana, y hay que empezar por el principio, por  nuestros pensamientos acerca del dinero,

Será que provienen del miedo o del amor?,

Tal cual pensemos, estamos firmando el precio que pagamos!

El precio que pagamos por nuestras indecisiones, por nuestras inseguridades, por guardar las apariencias, por ausentarnos de nuestros hijos, por pretender ser lo que no somos, por tantas carencias afectivas, por creer que perdonamos sin olvidar, por nuestra buena memoria con aquello que nos aflige, por nuestra ingratitud, por estar llenos de juicios, por no amarnos incondicionalmente, por desconocimiento, por el dinero que lloras, por el apego desmedido, por el auto-castigo, por elegir “n” veces el camino más fácil, por jamás detenernos en silencio, por no mirar más allá, por tanta intolerancia, por la mente llena de temores, sin espacio para el amor, porque el tiempo se acabó, por no fuimos tras los sueños, por las rabias, por defendernos, por justificarnos, por las excusas, en fin, por no despertar de nuestra ilusión de estar despiertos!

Es para reflexionar que ese precio que pagamos, no es impuesto, es el resultado de lo que hemos pactado con nosotros mismos!



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