El reconocimiento: una de las drogas con mayor adicción

Comparto contigo desde una de mis ciudades preferidas, ahora sentado en Tel Aviv tomándome una fresca limonada con menta.

En un momento u otro todos nos sentimos como que estamos perdiendo: en algo, alguien o en alguna parte, y aunque no podemos precisar con claridad exactamente lo que sentimos que nos falta… Vamos saltamos en relaciones porque pensamos que el estar con alguien es mejor que estar solo.

Nos tomamos la oferta de trabajo que llega, porque es mejor que el riesgo de no conseguir otra.

Nos quedamos en las amistades que ya no son agradables y a veces más perjudiciales de lo que son beneficiosas, por todos los años y el tiempo que hemos invertido en ellas.

La vida es demasiado corta para esperar. Más importante aún, es demasiado corta como para mantenernos encerrados en relaciones, situaciones y lugares que vemos como obligatorio.

Es difícil mantener nuestros corazones y mentes abiertas a la posibilidad de que tal vez, algún día, alguien va a venir de nuevo a nosotros.

No deberíamos estar jugando el juego de la espera constante, todo es cuestión de equilibrio, la combinación perfecta de acción y la paciencia, de los cambios y la anticipación.

No debemos estar esperando alrededor para el mejor por venir, pero tampoco debemos estar esperando alrededor, flotando en el agua en la complacencia.

No tienes ninguna obligación de mantener a la gente en tu vida que no te hacen feliz, para seguir trabajando un trabajo o asistir a una escuela que te hace miserable con más frecuencia de lo que trae una sonrisa a tu cara, y que sin duda estábajo ninguna obligación despertar cada mañana y seguir viviendo una vida a la cual no eres feliz.

Pero por supuesto, hacer cambios viene con consecuencias, riesgos, posibilidad de fracasos; y lamentablemente esa negatividad es la que nos impide ir tras lo que realmente queremos.

Es muy difícil arrancar de raíz y hacer cambios drásticos cuando se sabe que estas acciones afectarán todo en nuestra vida. Esto no sólo es aterrador, pero también es un arma de doble filo en la que a veces, sabemos que los cambios que hacemos pueden perjudicar aquellos que nos importan.

Aunque, tal vez estos cambios no tienen que ser tan drástico. Tal vez podamos empezar con las pequeñas cosas y tomar pequeños pasos hacia estas metas que realmente buscamos.

  1. Comienza con la conversación: hablar sobre lo que te molesta a la persona que te ha estado molestando. No pases años esperando a una persona.
  2. Tú eres la única persona que sabe lo que es más importante para ti: Tú eres la única persona que sabe lo que te hace realmente feliz, igual que tú eres la única persona que sabe lo que tiene que hacer con el fin de llegar hasta allí. Empieza a hacer movimientos y empieza a empujarte a tis mismo hacia adelante.
  3. Recuerda: No seas tan duro contigo. Si caes en el suelo, por lo menos puedes mirar hacia el cielo y ver la posibilidad que tienes con lo primero que te llega a la mente.
  4. No permitas que esta vida pase sin saber quien eres, ya que podemos pasar largos periodos solamente buscando la aprobación de otros. Y lamentablemente es una droga a la cual podemos tener una gran adicción. Como mi maestra de Kabbalah Karen Berg dice: “En la medida que te aprecies lo suficiente a ti mismo no vas a tener la necesidad de buscar la aprobación de los demás”.

Las bendiciones que recibimos se basan en el trabajo invisible que hacemos. Deja de mirar para el otro lado esperando el reconocimiento.



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