El reto a mí misma

Yo corrí 21 km. Unas semanas antes del maratón y media maratón CAF me desperté con una pesadilla: llegaba tarde a la competencia. Cuando abrí los ojos tuve el impulso de levantarme, vestirme con mi ropa de correr y salir apurada, pero pronto reaccioné y me di cuenta de que no era más que un sueño. Una pesadilla. 

El sábado 25 de febrero fue un día inusual, lleno de cosas de trabajo por resolver con carácter de urgencia y vente para acá y anda para allá. Pero por fortuna estuve temprano en casa y pude cumplir el ritual de la noche antes de la carrera. Mientras dejaba la salsa de tomate cocinarse le colocaba el número a la franela, luego preparé los envases con bebidas para el día siguiente. Terminé la pasta, cenamos y a dormir. Aún así el domingo 26 la pesadilla se hizo realidad. Salimos tarde de casa y llegamos justo al momento de inicio. Por suerte la casa queda cerca y el calentamiento fue la caminata de 15 minutos que nos llevó el recorrido. El plural es porque estos 21K no fueron un mérito individual, corrí con un coach de lujo, @oficialcolon codo a codo conmigo. 

correr-peqComenzando iba bien. El ritmo fue suave dado que el entrenamiento no fue el más adecuado (estuvo lleno de muchas interrupciones). El cielo nublado fue una ventaja y el sol salió en el km 15. Supe que había caído un gran palo de agua cuando por el km 17 vi las calles de la ciudad inundadas, a mí no me cayó la lluvia.

¡Disfruta!

El placer de correr carreras de calle tiene que ver con el hallazgo. Descubrir la ciudad que está aparentemente dormida un domingo a las 6:00 am. Descubrir sus calles, sus edificios que se mantienen ocultos en la semana por la dinámica de la urbe. Su gente que sale a animar a esos locos que corren. 

Confieso que el domingo conocí lugares de la ciudad que nunca antes había visitado y me deslumbré con la belleza de una iglesia que me recordó a la de Notre Dame. De esos pequeños tesoros que se esconden en Caracas

Cuando pasé por la Plaza O’Leary sonreí con un grupo de personas que nos gritaban “esta es la Plaza O’Leary” y la plaza se revelaba hermosa a la luz de la primera hora de la mañana a pesar de que tenía sus fuentes apagadas. 

Entrena tu mente 

Sabía que mi límite eran los 10 km y estuve administrando las ganas con cada paso, dosificando la euforia y reduciendo al mínimo los pensamientos negativos. Al pisarlos me sentía feliz, como si apenas llevara 5 km. Mi carrera fue mental. 

Muy pocas veces sentí fatiga, es probable que en el momento en el que el sol salió comencé a tener esta sensación. Pero bajo sombra todo iba bien. Hasta el km 17. 

Fue en ese momento cuando sentí que para cada paso necesitaba la fuerza para levantar unos pesados bloques de cemento. Mis piernas pesaban como nunca antes. En la mitad del km 18 tuve que bajar el ritmo. 

Bajar el ritmo al paso que iba significaba hacer una breve caminata rápida, eso hice. Me recuperé y ya para el km 19 estaba corriendo de nuevo a mi paso lento. 

correr-entrenarMomento feliz 

@Magadescalza no corrió porque se lesionó unas semanas antes. Pero en el km 20 aprendí que los amigos corren con uno aunque no estén en el asfalto. El momento más feliz de la carrera fue en el km 20 cuando la escuché decir “ahí viene” y gritó de alegría. Sentí el impulso necesario para terminar. 

Cuando vi que faltaban 100 metros la fuerza que mantuve retenida durante toda la carrera salió. Rematé y pisé la meta feliz. 

Celebré, aunque corrí a paso lento, aunque tardé 2 horas 48 minutos. Celebré porque ese día descubrí las pequeñas partes de mi pierna que no sé cómo se llaman ni cuál función cumplen pero sí sé que duelen y mucho luego de una carrera larga. Celebré porque aunque no estaba lo suficientemente preparada -como muchas veces pasa en la vida- enfrenté un reto y lo superé.

 



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