El servicio dignifica al hombre

Un concepto esencial para ir hacia una economía consciente como se puede ver en el capítulo tres del libro que acabo de publicar (Economía consciente, la transformación espiritual de la economía que comienza por uno mismo, editado en julio de 2015 por editorial Kier) es la actitud de servicio.

Comúnmente oímos decir que “el trabajo dignifica al hombre”. Esto se escucha en la gente común, en los políticos, en nuestros abuelos, etc. Es una frase que siempre que la escuché me dejó desconcertado porque no podía terminar de aceptarla, pero tampoco de rechazarla. Fue así que reflexionando, primero llegué a la etimología de la palabra trabajo que viene el latín tripalium que consistía en un castigo impartido a los esclavos en la época romana en el que se los amarraba a tres palos para azotarlos. A partir de ese momento descubrí en la etimología de la palabra y su herencia cultural una connotación de castigo o dolor cuando la usamos (y vemos el mundo a través de ese concepto) y, por ende, un alejamiento de lo que buscamos en economía consciente (una economía basada en el Ser): los dones y talentos. Ya que estos últimos son justamente aquellas actividades que hacemos de manera natural y sin esfuerzo (opuesto a la noción de castigo, sacrificio y esfuerzo contenidas en la palabra trabajo) y que nos permiten conectarnos a nuestra esencia y una vida de goce.

Pero sí había algo de verdad en esa frase y es el hecho de que a partir del trabajo estamos dando nuestros servicios a otro ser humano y a la sociedad en general, por lo que nos sentimos dignificados o reconocidos. Ahora bien, el problema ahora es que si doña Rosa limpia su casa no está trabajando, pero si limpia la casa del vecino y le pagan por ello, entonces sí está trabajando. Y he aquí la diferencia radical: El trabajo es solo tal si es remunerado. Esta sería una cuestión clave para analizar.

Entonces así pude darme cuenta de que si lo que valoramos es la acción que damos a los demás (para sentirnos dignificados), entonces podríamos suplantar la palabra trabajo (y obviar así la relación con el dolor y el castigo y con la condición del pago en dinero como esencial) por la palabra servicio que tiene una fuerte relación con la espiritualidad y además estamos acostumbrados a decir que en la economía prestamos servicios. De esta manera, podemos concebir nuestra vida completa como una prestación de servicio a los demás (tanto si nos remuneran o no por ello) y esto nos permitirá ver con más claridad para convertir nuestros dones y talentos en servicios y así sentirnos autorrealizados y plenos.

Consejos extraídos del libro:

  • Resignificar que lo que nos dignifica es el servicio que brindamos más que la retribución que recibamos.
  • Lograr que nuestros servicios tengan que ver con nuestros dones y talentos.
  • Recordar que somos multidones y por ende podemos brindar una amplia variedad de servicios (algunos pueden ser rentados y otros voluntarios o más flexibles, por ejemplo).
  • Dharma: El sendero de la naturalidad de los dones y talentos y el servicio nos lleva por nuestro dharma individual, que es nuestro camino de mayor felicidad y bienaventuranza.


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