El silencio daña más que el golpe

El silencio daña más que el golpe

Ella tiene más de 30 años completamente negada a entablar una relación con un espécimen masculino. Su rictus se convierte en una caricatura dantesca cuando alguien osa preguntar algo al respecto y, lo más grave, cuando se expone a historias de mujeres que se parecen a la que le tocó vivir, su reacción de asombro demuestra su absoluta desconexión con el maltrato que sufrió.

Son muchísimas las que están en ese lote de señoras, cuya juventud se redujo al profundo dolor de relaciones dañinas sin salida “positiva” y que, en el mejor de los casos, decidieron huir sin pronunciar palabra.

Cobardía, miedo, autoprotección, sanidad espiritual… vaya Dios a saber qué las movilizó, pero aunque no lo conozcamos, sus historias son las nuestras, sus dolores nuestros dolores y, la buena noticia es que sus silencios se convirtieron en nuestro canto de hoy.

A veces es estridente y la furia es lo único que atinamos a expresar, otras es un canto hondo de padecimiento ancestral y pocas las armonías compuestas con comprensión y compasión de esta realidad que, aunque pocas reconozcamos, somos responsables de co-crear.

Se trata de un dolor colectivo que creemos vivir en primera persona del singular porque ocurre en lo más íntimo de nuestro hogar, pero cuando nuestra mujerabilidad se atreve a expresarse entonces las solistas pueden conformar una coral y, aunque no son muchas, hay quienes dan un paso adelante y reconocen el maltrato.

Y me atreví cuando publiqué “No me pegues por favor”. Hubo reacciones diversas,  desde las furibundas que defienden en público “a mí no me toca nadie” hasta las que tímidamente me escribieron desde un silencioso pánico “gracias, yo fui una de esas y hay que hablar del tema”.

Siento que para desmontar el dolor social expresado en la intimidad de las relaciones hombre-mujer/mujer-hombre, primero debemos reconocer nuestra cuota de responsabilidad, comprendernos más allá de lo realmente víctimas que hemos sido y superar por completo la culpa que nos inmoviliza y nos mantiene en el secreto.

Nos invito a reconocer el poder del Amor que desmonta el dolor y el miedo, el poder de la palabra que quiebra el silencio, el poder de la valentía que nos puede impulsar a todas a rescatar la sonrisa que nace del alma libre de resentimientos y que solo así puede iniciar el verdadero camino del compartir con ellos. 



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