El síndrome del quemado

El síndrome del quemado

En muchas ocasiones habremos escuchado esta expresión, pero más allá de cualquier explicación vaga, los motivos que subyacen a esta sintomatología que puede llegar a presentar un trabajador tienen que ver con la percepción que este tiene del mundo que lo rodea. Este trastorno termina por afectar a quien lo padece de manera física, emocional y psicológica, producto en gran medida de permanecer durante un tiempo considerable bajo altos niveles de estrés laboral o ansiedad.

Las consecuencias a nivel personal se ven estrechamente relacionadas a través de la autoestima, la cual se encuentra condicionada a la cantidad de tareas que pueda realizar y la valoración que reciba a través de ellas. Es decir, mientras mantenga un determinado ritmo de trabajo, que por lo general supera sus capacidades (intelectuales y emocionales), el sujeto se mantendrá en una especie de equilibrio que a la vez es frágil, porque con ello, al no poder reconocer las propias limitaciones, la persona termina atestado de tareas sin cumplir. Es aquí donde de manera paulatina la persona comienza a manifestar desinterés por las asignaciones que antes realizaba con plena satisfacción.

El sentido de responsabilidad y el temor a sanciones que esto pueda acarrear dejan de tener sentido, y llegado un punto la depresión puede llegar a ser un remanente como resultado del síndrome. Los síntomas principales son:

• Agotamiento emocional: “siento que no puedo más”, “no tengo fuerzas o energía para levantarme e ir a mi trabajo”.
• Despersonalización: la persona al estar sometida al estrés crónico que caracteriza al burnout llega a ser duro, y puede llegar a la deshumanización.
• Falta de realización personal: expectativas basadas en metas irreales que suelen llevar a la decepción personal, manifestaciones fisiológicas, cognitivas y comportamentales propias del estrés.

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay



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