El smog, ese viejo enemigo urbano

Tiene como nombre un neologismo –smoke más fog, humo más niebla- y una imagen de malo de la película que arrastra desde las urbes inglesas de la Revolución Industrial. Su mala fama, que los enemigos de la ciudad moderna no dejan nunca de agitar ante los nostálgicos del campo, no es nada injustificada: abundan los estudios sobre la asociación entre el smog y enfermedades como neumonía y bronquitis, y más recientemente, dificultades cognitivas.

El smog es una ecuación: humedad, temperatura, un viento determinado o la ausencia de él, partículas suspendidas en el aire, determinados gases. En la vieja Londres en las ciudades del Pacto de Varsovia surgía de las chimeneas de las casas que se calentaban con carbón; en México DF, Madrid, Santiago de Chile, Los Ángeles u otras ciudades de hoy que están acosadas por ese problema, los hogares no tienen calefacción de carbón pero la geografía (valles cercados por montañas, por ejemplo, que encierran el smog), los millones y millones de vehículos, y el modo en que motores, fábricas y equipos diversos funcionan, alimentan a esa nube de amarillo grisáceo que dificulta la visibilidad, hace llorar los ojos, reduce el sentido del olfato y contamina los pulmones. Eso con las personas: en sus niveles más graves, el smog mata pájaros, ahoga las plantas e interrumpe la fotosíntesis, y por tanto la producción de oxígeno.

smog_enemigoUn estudio en México muestra que los niños que se crían dentro del smog urbano pueden desarrollar problemas de aprendizaje. México DF, que tiene décadas luchando contra el problema, tiene todo un sistema de alarma para el smog que forma parte de la meteorología de la megalópolis. En Santiago de Chile, el smog puede ser tan fuerte que ha habido días en que han declarado la ciudad en emergencia y han debido suspender parte del tráfico; en una ocasión, el presidente de entonces, Ricardo Lagos, se fue en Metro al Palacio de la Moneda para dar el ejemplo y estimular a los ciudadanos a dejar de usar tanto el automóvil. En Madrid, la Red de Calidad del Aire ofrece un servicio de mensajería por celular para avisar a los ciudadanos cuando las estaciones de medición detectan que se han superado los umbrales de tolerancia del ozono, los óxidos de nitrógeno y el dióxido de azufre en el aire de la ciudad.   

Queda mucho por hacer, aunque el problema (fuerte además en Asia y Europa del Este) ya no es tan grave como hace unas décadas. Las medidas que se han ido tomando para controlar las emisiones de gases de efecto invernadero o mejorar la calidad de varios rubros de productos de uso cotidiano han hecho su parte. Pero el smog no se desvanecerá de nuestras atmósferas urbanas mientras esté alimentado por patrones inadecuados de emisión de gases tóxicos, congestión vehicular e industrias que no trabajan con demasiada responsabilidad con el medio ambiente de todos. 

 



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