El Sol, ese querido compañero

Todas las mañanas se levanta por el oriente, iluminando nuestro día y calentándonos, a veces un poco más de lo que queremos. Luego de acompañarnos por unas 12 horas, se desaparece por el occidente, dándonos muchas veces un precioso espectáculo. El Sol, desde siempre, nuestro compañero en el día y el gran ausente en la noche.

Como todo el Sistema Solar, incluyendo a nuestra Tierra y el resto de los planetas, el Sol se formó hace unos 4.567 millones de años a partir de una nebulosa, los restos de otra estrella que había explotado antes. A simple vista parece pequeño, si hasta podemos tapar el sol con un dedo, pero en realidad es muy muy grande. El Sol es tan grande que tiene el 99,86% de la masa de todo el Sistema Solar, es decir todos los planetas juntos, más de los planetoides, asteroides, lunas y demás satélites no llegan sino a poco más de 0,1% de la masa total del Sistema. Casi nada pues. Si pusiéramos a la Tierra dentro del Sol, ¡cabría 190 veces de ancho! Y los más curioso es que está hecho tres cuartas partes de hidrógeno, el gas más liviano que hay en el universo (y el más común también), pero dejemos eso para después.

Obviamente, para la mayoría de las culturas antiguas el SolEl sol (1) era considerado una deidad que era transportado en el cielo de alguna forma. Por ejemplo para los egipcios era llevado en una barca, acompañado por otros dioses menores. Según los griegos que lo llamaban Helios, era llevado por una carroza tirada por fieros caballos. Sin embargo, había quien tenía sus dudas, por ejemplo Anaxagoras pensaba que era demasiado grande para ser arrastrado por caballos, calculando que medía más que la península del Peloponeso y que era de metal llameante. Por cierto, lo condenaron a muerte por hereje, por estar diciendo mentiras sobre el Sol.

Obviamente el Sol giraba alrededor de la Tierra, aunque ya un tal Aristarco de Samos en el siglo III antes de Cristo, suponía que era al revés. No fue sino hasta hace unos 500 años que Galileo demostró que Aristarco, tenía razón (no sin antes ser fuertemente castigado por la Iglesia).

Entre otras muchas cosas, Galileo también descubrió que el Sol no era perfecto, sino que había unas manchas en la superficie, que por supuesto nadie sabía qué eran. Estas manchas  solares ya la habían descubierto antes los Chinos durante la dinastía Han (206 AC – 220 DC), así como el científico árabe Averroes (1126-1198).

Por supuesto que nadie tenía una idea de qué está hecho el Sol. Cualquier consideración de los combustibles conocidos, por ejemplo, que estuviese hecho de carbón, resultaba en que tendría que haberse consumido hacía muchísimo tiempo. No fue sino hasta el descubrimiento de la radioactividad, que se resolvió el misterio. Primero fue el hallazgo de que los elementos se pueden transmutar de uno a otro y así pues, dos átomos de hidrógeno pueden fundirse en un sólo átomo de helio. Pero la transformación no es exacta: un poquito de masa desaparece, 0,7%. Pero como ya sabemos, las masas no desaparecen sino que se transforman y en este caso se transforman en energía, según la famosa ecuación de Einstein: E=mc2. Esa pequeñísima fracción de masa, 0,7%, multiplicada por el cuadrado de la velocidad de la luz y por el inmenso tamaño del sol, resulta en la energía que lo mantiene funcionando desde hace tantos años y que sólo se agotará dentro de unos 5.400 millones de años más. Es el mismo proceso que ocurre en la bomba de hidrógeno.El sol (3)

Así pues, tal como dijimos al principio, el Sol está compuesto en unas tres cuartas partes de hidrógeno que lentamente se va transformando en helio, que comprende casi el resto. Adicionalmente hay un poquito de la mayoría de los elementos que tenemos aquí en la Tierra: oxígeno, hierro, carbono, etc.

La reacción nuclear que general la energía que les expliqué antes, sucede en la parte central del Sol, en el núcleo, donde debido a la enorme presión de la fuerza de gravedad los átomos de hidrógeno son comprimidos y calentados a una temperatura de 15,7 millones de grados, resultando en la fusión y la conversión en helio. La energía que se produce mantiene un equilibrio estable con la de la gravedad y por eso el Sol no colapsa sobre si mismo: la gravedad empuja para adentro, la explosión nuclear para afuera.

Ahora bien, esa energía del núcleo es transportada hacia afuera por rayos gamma, fotones, que debido que están chocando constantemente con los mismos átomos del Sol, tardan unos 100.000 años en llegar a la superficie ¿sorprendente verdad? El caso es que para cuando llegan a la superficie del Sol, ya convertidos en luz visible, inician su viaje hacia el espacio. Mientras, la temperatura en la superficie del Sol ha bajado a 5.500 grados centígrados.

Pero luz es sólo una parte de lo que emite el Sol. También salen del mismo innumerable cantidad de partículas subatómicas de todas clases: protones, electrones, neutrinos, etc. Esta cantidad de partículas reciben el nombre de viento solar y El sol (2)así como el calor del sol nos da la vida, el viento solar nos traería la muerte. Cuando nos broceamos, lo que experimenta nuestra piel es el efecto de estas partículas subatómicas. Si no fuera por una pantalla magnética que protege a la Tierra como en esas películas de ciencia ficción, nos moriríamos rápidamente. Pero de ésta pantalla hablaremos otro día.

Como una olla en ebullición, la superficie del Sol está siempre en movimiento y aparecen y desaparecen celdas y manchas que son tormentas locales en que la temperatura es mucho más elevada que los alrededores.  Todavía no se comprenden bien, pero aparecen y desaparecen con un ciclo de 11 años. Cuando hay manchas el viento solar es más fuerte y se producen más daños en la piel. También las auroras boreales y australes son consecuencia del viento solar y por lo tanto son más pronunciadas cuando hay más manchas.

En fin, mis queridos amigos, el Sol no es sino una poderosísima bomba de hidrógeno que está en una constante explosión, gracias a ello nos da calor y vida y también puede darnos muerte y destrucción.



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