El todo es más que las suma de las partes

Nadie puede ser más que las suma de las partes, pero tampoco la suma de las partes puede ser más que el todo. José J. Muñoz

El año 2014 me mostró la fuerza genuina y sincera del trabajo en equipo, y pude corroborar que son muy pocos los problemas que podemos resolver por nosotros mismos y muchos los que podemos resolver en equipo. Desafortunadamente, la riqueza insondable de este concepto se diluye ante nuestra mezquindad individual. Este principio contiene poder en sí mismo pero lo utilizamos muy poco, dado que la mayor parte del tiempo la pasamos ensimismados.

A veces parecemos víctimas de un sistema que nos arrastra al triunfalismo, distanciándonos de cualquier lógica que nos permita entender nuestras limitaciones y al mismo tiempo dilucidar nuestras fortalezas más allá de nosotros mismos. Por todos lados nos invitan a conocernos, infiriendo que eso solo es posible desde lo personal, pero lo cierto es que también es perfectible desde lo colectivo. Es una combinación. Es la mezcla entre lo que soy y aquello que soy capaz de hacer. Es el cruce entre mi propósito y mi rol dentro de la estructura a la que pertenezco.

Durante el 2014 me convertí en testigo de cómo el poder del trabajo en equipo supera los muros de la crisis, de cómo es capaz de convocar un sólido compromiso idóneo y apto para transformar cualquier realidad en crecimiento.

Lo viví con empresas a las que tuve el honor de entrenar, pero también lo experimenté como coach socio-psicológico del equipo de fútbol profesional de Venezuela Deportivo La Guaira donde, en menos de seis meses, trabajando con la organización y un cuerpo técnico nuevo, nos convertimos en campeones de la Copa Venezuela 2014. Lo relevante de este resultado es que este equipo hace seis meses peleaba por no descender de categoría; hoy estamos entre los dos mejores del país.

¿Cómo es posible? En primer lugar, la organización se aseguró de convocar al mejor talento disponible. Segundo, se contrataron entrenadores de calidad, capaces de potenciar el talento, las habilidades y destrezas de los jugadores. Tercero, nos aseguramos de constituir una familia, una comunidad capaz de trabajar junta a pesar de las diferencias. Cuarto, nos cercioramos de tener un objetivo en común y contar con un propósito capaz de movilizarnos con la suficiente motivación, pasión y convicción, a pesar de los obstáculos. Quinto, se inculcó responsabilidad y disciplina con respecto al cuidado del cuerpo y el manejo del tiempo. Sexto, tanto la alta gerencia como los propietarios se comprometieron al máximo para velar por las necesidades del equipo y se determinaron a que todos superáramos nuestras propias expectativas. Séptimo, se entendió que la clave del alto rendimiento no es apostar a resultados sino buscar el máximo rendimiento.

Todos estos principios, si los aplicas en tu vida, familia, empresa, institución y comunidad, son capaces de generar cambios trascendentales, siempre y cuando vengan acompañados de la disposición de siempre DARLO TODO, no importando las circunstancias.

Para llevar nuestra vida a otro nivel asegurémonos en el 2015 de activar alianzas, de confiar más en quienes nos rodean, de apostar a la interdependencia y reducir las acciones aisladas que nos puedan separar de sociedades altamente beneficiosas.

Nadie puede ser más que la suma de las partes, porque en la suma existe mayoría, pero tampoco la suma de las partes puede ser mayor que el todo, ya que en el todo no existen partes, solo existimos todos.  

El “todos” significa desprendimiento, sacrificio, excelencia, agradecimiento, unión, solidaridad, flexibilidad, entrega y propósito.

No olvidemos que, cuanto menor sea la dependencia individual, más poderoso será el colectivo. En consecuencia, seremos cada día mejores.



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